28/5/19

No tienes que inventar las noticias para la gente. Comienzas a alimentarlos con contenido que va a ratificar sus sistemas de creencias. El resultado es una estrategia de marketing que fomenta un comportamiento adictivo y agresivo. Se crean masas de consumidores de medios que han sido entrenados para ver solo en una dirección, La moldeación del público en tribus antagónicas funciona comercialmente y políticamente. Pero es una receta para la desintegración social. Si le dices a la gente con suficiente frecuencia que su vecino de al lado está literalmente en la liga de los nazis, o de los terroristas, tarde o temprano, habrá violencia... “ira empaquetada solo para ti”. El poder, mientras tanto, sobrevive sin ser examinado y cuestionado...

"En “Consenso Manufacturado: La economía política de los medios de comunicación”, publicado en 1988, Edward S. Herman y Noam Chomsky expusieron las técnicas que los medios comerciales utilizaban para promover y defender las agendas económicas, sociales y políticas de las élites gobernantes.

 Estas técnicas incluían retratar a las víctimas como valedoras o no de simpatía. Un sacerdote católico como Jerzy Popiełuszko, por ejemplo, asesinado por el régimen comunista en Polonia en 1984, fue deificado, pero cuatro misioneros católicos que fueron violados y asesinados en 1980 en El Salvador por escuadrones de la muerte respaldados por Estados Unidos fueron, sin embargo, calumniados como compañeros de viaje del movimiento rebelde “marxista”.

 Las técnicas también incluyeron tanto el estrechamiento del debate de una manera que reforzó el consenso de la elite como la ausencia deliberada de críticas desafiantes en torno a las intenciones de las élites gobernantes o las estructuras reales de poder.

“Consenso Manufacturado” se publicó en vísperas de tres revoluciones que han transformado dramáticamente la industria de las noticias: el auge de la radio de derecha y las noticias de televisión al estilo Fox que abandonan la falsa objetividad de los medios, la introducción de estaciones de noticias por cable las 24 horas del día y la creación de plataformas de Internet, propiedad de un puñado de corporaciones, que controlan la distribución de noticias e información y extraen nuestros datos personales en nombre de anunciantes, campañas políticas y el gobierno.

 Los pecados de los viejos medios, por malos que fueran, no son nada comparados con los pecados de los nuevos medios. Los medios de comunicación han degenerado no solo en meros proveedores de chismes, teorías de conspiración y entretenimientos procaces, sino, lo más siniestramente, en proveedores de odio. Matt Taibbi , el autor de “Hate Inc.: Cómo, y por qué, los medios de comunicación nos hacen odiarnos unos a otros”, ha diseccionado las plataformas de los medios modernos de la misma manera que Herman y Chomsky hicieron con los medios antiguos.

Taibbi señala que los nuevos medios de comunicación todavía manufacturan el consenso, pero que ahora lo hacen confrontando de manera individual cada grupo contra su oponente, en una versión nueva para el consumidor similar a la que George Orwell llamó en su novela “1984” “El odio de dos minutos”. Nuestras opiniones y prejuicios son inicialmente satisfechos con habilidad y ulteriormente reforzadas, con la ayuda de pormenorizados análisis digitales de nuestras inclinaciones y hábitos, para poder revendérnoslo nuevamente a nosotros.

 El resultado, escribe Taibbi, es “ira empaquetada solo para ti”. El público es incapaz de expresarse cuando se manufactura la división. Está hipnotizado por la falsa disidencia de las guerras culturales y las teorías de conspiración que compiten entre sí. La política, bajo asalto, se ha atrofiado en un reality de mal gusto centrado en personalidades políticas. El discurso cívico se define por comentarios invectivos e insultantes en internet.

 El poder, mientras tanto, sobrevive sin ser examinado y cuestionado. El resultado es la impotencia política entre la población. El pantano moral es no sólo un lugar fértil para demagogos como Donald Trump, una creación de estos medios burlones-sino para canalizar también la rabia y la intolerancia hacia aquellos que son definidos como enemigos internos.

Los viejos medios se autodenominaron a sí mismo objetivos, aunque, como señala Taibbi, esto era más un reflejo del tono que del contenido. Esta ostentosa objetividad e imparcialidad era, en realidad, un elemento de una táctica comercial diseñada para alcanzar el mayor número de espectadores o lectores.

“La único objetivo fue cuando me dijeron que no podía escribir con voz propia”, me dijo Taibbi cuando lo entrevisté en mi programa de televisión, “En contacto”. [Parte uno de la entrevista; la segunda parte.] “No podría escribir con un punto de vista. La objetividad era escribir en una perspectiva aburrida, plana, en tercera persona. 

No te expreses. No seas demasiado colorido. En realidad, esto es, si escoges The New York Times hoy, ese mismo estilo de escritura. La idea subyacente consistía en hacerlo así porque era la forma de llegar a una audiencia lo más amplia posible. Esto también infectó la radio, la televisión. Es por lo que tienes a ese Tom Brokaw, una entrega al estilo de Dan Rather, que era monótona, plana, sin dilación.

 Mucha gente pensó que esta era una especie de decisión ética que las organizaciones de noticias estaban tomando. De hecho, lo que intentaban hacer era llegar al mayor número de personas para vender el mayor número de anuncios. Así es como desarrollamos esa idea “.

Los antiguos medios de comunicación sostenían rígidamente la ficción de que solo había dos tipos de opiniones políticas: las expresadas por los demócratas y las expresadas por los republicanos. Estas dos posiciones se convirtieron rápidamente en caricaturas en la radio y la televisión. El ejemplo clásico fue el programa “Crossfire”, en el que dos antagonistas, el liberal estereotipado y el conservador estereotipado, nunca podían estar de acuerdo

El liberal, señaló Taibbi, “siempre fue elegido como la persona que no podía devolver el golpe. Siempre estaba en retiro. El conservador siempre estaba en modo de ataque. Una personalidad como Tucker Carlson”. Estas confrontaciones en escena y coreografiadas fueron, en esencia, eventos deportivos.

“Si ves una [‘Sunday NFL] Countdown’ verás que los sets están diseñados exactamente igual que Crossfire.” El ancla en un lado. Normalmente hay cuatro comentaristas, dos que representan a cada equipo. Tienen gráficos que te dicen cuál es la puntuación, quién está por delante, quién está por detrás. Queremos que las personas perciban la política como algo en lo que tienen un interés arraigado. No hay posibilidad de que haya una zona gris en nada de esto. 

Tu identidad política no puede interferir con ninguna otra identidad política. Estás en un equipo u otro. Eso es. Ni siquiera reconocemos la existencia de personas que tienen diferentes tipos de ideas. Por ejemplo, anti-aborto pero también pro-sindicato. Sea lo que sea. Eso no existe en los medios ”.

Se ignora el hecho de que en la mayoría de los grandes temas los dos principales partidos políticos están de acuerdo. La desregulación de la industria financiera, la militarización de la policía, la explosión de la población carcelaria, la desindustrialización, la austeridad, las interminables guerras en el Medio Oriente, el presupuesto militar inflado, el control de las elecciones y los medios de comunicación por parte de las corporaciones y la vigilancia general de la población por el gobierno, todo esto tiene el apoyo y el consenso bipartidista. Por esta razón, casi nunca se ponen en entredicho.

“Siempre se presenta como dos partes que están siempre en desacuerdo respecto a todo“, dijo Taibbi, “lo que no es en absoluto cierto”.

“Nosotros (los trabajadores de la prensa) no nos estamos enfocando en la naturaleza atemporal y permanente de cómo funciona el sistema”, dijo. “No pensamos en el banco central. No pensamos en la seguridad del estado. No pensamos en nada de eso. Nos centramos en las personalidades. Donald Trump contra Alexandria Ocasio-Cortez. Eso simplifica todo y nos permite quitar la mirada del contexto global”.

Una vez que el viejo modelo de medios de comunicación implosionó con la llegada de las redes de noticias de 24 horas, al estilo de Fox e Internet, el monopolio de algunos periódicos y redes dominantes terminó. En la nueva configuración, las organizaciones de medios adaptan su contenido para centrarse en datos demográficos específicos.

“MSNBC, que ha pasado por algunos cambios interesantes a lo largo de los años, se comercializa como una red de izquierda”, dijo Taibbi. “Pero estuvo tan intensamente a favor de la guerra en 2002 que tuvo que enseñar la salida a Jesse Ventura y Phil Donahue de la organización. Lo último fue ‘Russiagate’ y la constante exageración de la narrativa ‘Si observas, puedes aprender en cualquier momento que nosotros, junto con Robert Mueller, vamos a derrocar al presidente’”.

El modelo de los medios no solo establece lo demográfico contra lo demográfico, sino que también silencia y destruye las investigaciones en los sistemas corporativos de opresión y disensión genuina.
“No tienes que inventar las noticias para la gente”, dijo Taibbi sobre el proceso de dividir al público. “Puedes elegir historias que les gusten”. 

Comienzas a alimentarlos con contenido que va a ratificar sus sistemas de creencias. Fox lo hizo primero. Lo hicieron bien. Empezaron a ganar dinero. Fueron los número 1 durante mucho tiempo. Pero esto comenzó a interferir en el resto del negocio. Muy pronto, todos estaban haciendo lo mismo.

 No importaba si era el canal de alimentación que adaptaba el contenido para las personas a quienes les gustaba la comida o MSNBC que adaptaba el contenido para las personas que se inclinaban en una cierta dirección política, le estaban dando a la gente lo que querían escuchar”.

Antes, estabas contemplando una especie de ilusión de debate“, dijo Taibbi sobre el antiguo modelo de medios. “Tu veías a gente discutiendo sobre Crossfire. En las páginas de opinión había personas que no estaban de acuerdo entre sí. Ahora, la experiencia de consumo de noticias de la mayoría de las personas se adapta completamente a sus preferencias. … Si solamente estás leyendo medios que se adaptan a tu sistema de creencias particular, no estás siendo expuesto a otras ideas. Todo va a ser progresivamente más injurioso”.

“Una de las primeras lecciones que enseñó que el negocio de las noticias puede realmente vender la ira como producto fue el escándalo de [Monica] Lewinsky”, dijo Taibbi.

MSNBC construyó su marca y su público al advertir sin descanso que la presidencia de Bill Clinton estaba en peligro mortal durante la investigación de Lewinsky. Repitió esta fórmula durante más de dos años promocionando la historia de una supuesta colusión rusa con la administración Trump.

“Lo que estaban tratando de hacer era, básicamente, crear la impresión de que [un nuevo] ‘Watergate estaba en marcha, mejor sintonizar porque en cualquier momento todo esto podría ir mal”, dijo Taibbi sobre el escándalo de Lewinsky. “Ellos tienen una enorme cuota de mercado. Fox le dio un giro. Fox tomó el mismo concepto y abiertamente maltrató a los personajes. 

Decidieron convertir a Bill y Hillary Clinton en caricaturas y figuras de dibujos animados, hippies de edad avanzada. Continuaron corriendo clip tras clip de Hillary Clinton hablando sobre cómo ella no horneaba galletas. Sabían que su público iba a reaccionar a todas estas imágenes de cierta manera. 

Vendieron historias de personas que les hacían enojar. Les dijeron: ‘Si sigues sintonizando, de alguna manera también formarás parte del proceso. Eres parte de este proceso continuo sobre el enemigo cultural que te estamos mostrando… Te contamos sobre alguien que no te gusta. Seguimos informándote de ello una y otra vez para dominar las calificaciones”.

El resultado, argumenta Taibbi, es una estrategia de marketing que fomenta un comportamiento adictivo y agresivo. Cuanto más se rastrean los hábitos de los lectores y espectadores en Internet y los dispositivos electrónicos, más se alimenta la adicción y la agresión.

“Esto crea más que bolsillos de rencor político”, continuó. “Crea masas de consumidores de medios que han sido entrenados para ver solo en una dirección, como si hubieran pasado por la historia en una sola vía férrea, con las cabezas atadas en las persianas, mirando solo de una manera. … Incluso sin el contenido vitriólico, solo el proceso de navegar y consumir las noticias tiene muchas de las mismas cualidades que otras adicciones, como fumar cigarrillos o consumir drogas.

 Las personas se vuelven adictas a las sensaciones que generan sus teléfonos. Se vuelven adictos al proceso de encender pantallas. Especialmente te vuelves adicto a la idea de que vas a activar un programa de noticias o leer un artículo y te dirá algo que te va a enojar aún más de lo que estabas ayer”.

Estructurar las portadas de noticias, escribe Taibbi, es una especie de lucha libre profesional inter medios.

“La lucha libre fue una fórmula comercial que descubrieron que funcionaba increíblemente bien”, dijo Taibbi sobre los dueños corporativos de los medios de comunicación. “Se realizaba un juego moral muy simple en el que había un buen chico, que se llamaba cara de bebé, y un chico malo al que llamaban el talón. E implacaron inexorablemente al chico malo.

 El talón era más importante en la lucha y más popular que la caraLa cantidad de boletos que los medios pueden vender tiene correlación directa con la cantidad de gente que odia al malo. Tienes que tener un talón que se pueda odiar para que la fórmula funcione. Así es como funcionan las noticias”.

Los periodistas, Taibbi escribe en su libro, “hacen regularmente el papel de héroe indignado, señalando rutinariamente con el dedo a Trump cada vez que se encuentran a una milla de distancia de él. Las confrontaciones de Jim Acosta con el presidente, por ejemplo, parecían sacadas directamente de las tomas de la WWE [World Wrestling Entertainment]. Toda la presidencia de Trump se ha convertido en una promoción de talón/héroe con Bob Mueller en el papel de cara de bebé”.

“Trump encaja como un guante en la fórmula comercial de todo esto”, dijo Taibbi en la entrevista. “Eso es lo fascinante. De hecho, hace ganar más dinero para el MSNBC, la CNN, el Washington Post, el New York Times que para Fox y el Daily CallerEs un personaje de dibujos animados que es un talón perfecto.

 Ofrece un panorama político totalmente simplificado. Solo hay dos formas de ser. O estás a favor de esta figura increíblemente nociva o estás en contra de él”.

Pero, señala Taibbi, hay un rendimiento decreciente como con cualquier otra adicción.
“Siempre hay que aumentar constantemente el nivel de la retórica para que la gente vuelva”, dijo. “No puedes estar constantemente con ‘incompetente’ o ‘corrupto’. Tarde o temprano, tienes que llegar al punto en el que estás diciendo ‘demagogos’, ‘autoritarios’, ‘dictadores’. Finalmente, como descubrió Glenn Beck, debes comenzar a llamarlos Hitler. Beck llegó al punto en el que simultáneamente llamaba a la gente Hitler y Stalin. No era suficiente ser Hitler”.

Si estás definiendo a alguien con tal nivel de maldad, entonces todo está permitido“, dijo. “Vimos esto con Russiagate. El mismo tipo de comentaristas liberales que, hace años, habrían estado muy preocupados por cosas como el colapso del privilegio de abogado-cliente, o el programa FISA, cualquiera de esas cosas. Ya no les importa eso. Sólo quieren conseguir a la persona”.

La moldeación del público en tribus antagónicas funciona comercialmente. Funciona políticamente. Pero es una receta para la desintegración social. Vi a grupos étnicos que compiten en la antigua Yugoslavia apoderarse de medios de comunicación rivales y usarlos para escupir vitriolo y odio contra el grupo étnico que demonizaron. Las imágenes venenosas y la retórica que se bombearon mes tras mes en Yugoslavia llevaron a un fratricidio salvaje.

Estados Unidos ya está plagado de una epidemia de tiroteos masivos, amenazas de muerte contra los críticos de Trump, incluido el representante Ilhan Omar, y los intentos de asesinato abortados, incluido el envío de bombas de tubos por parte de un partidario de Trump el año pasado a prominentes demócratas y la CNN, en un esfuerzo por decapitar la jerarquía del Partido Demócrata, así como aterrorizar al medio de comunicación que es el principal brazo de propaganda del partido.

“Si constantemente estás atontando audiencias y les dices que todos sus problemas son el resultado de este otro grupo que es literalmente Hitler, que son literalmente nazis, que son literalmente Stalin, tarde o temprano algunas personas van a empezar a coger armas y a hacer alguna barbaridad”, dijo Taibbi. “Es por eso que la gente está molesta por las noticias de Fox. Pero también deberían preocuparse por otras formas de medios. La fórmula es similar en todos los ámbitos”.

“Nuestro sistema de economía de burbujas producirá algún tipo de catástrofe en algún momento”, concluyó Taibbi, el autor de uno de los mejores libros sobre la crisis financiera de 2008, “Griftopia“. 

“En este punto, si le dices a la gente con suficiente frecuencia que su vecino de al lado está literalmente en la liga de los nazis, o de los terroristas, o de lo que sea -por supuesto Fox fue pionero en esto, volviendo a la Guerra de Irak, cuando se nos dijo a los liberales que éramos partidarios del terrorismo-, tarde o temprano, habrá violencia.

 La incapacidad de la sociedad para ponerse de acuerdo sobre el conjunto de hechos que conforman la realidad significa que los medios ya han fracasado. Significa que simplemente no estamos llegando a la gente. [En este ambiente] nunca podremos resolver las cosas de manera civil”.                   

9/4/19

Jiménez desvela que el Gobierno pidió quitar a la redactora que cubría el PP y cómo Santamaría y Cospedal colocaban tertulianos en las teles para atacarse. En El Director relata cómo las élites económicas presionaron para atacar a Podemos para que no llegase al Gobierno: "Creían que les quitarían las casas de la playa". Sus memorias de un año al frente de El Mundo recopilan las presiones de ministros y directivos del IBEX...



"A David Jiménez, corresponsal durante 17 años en Asia, curtido en guerras, golpes de Estado y catástrofes humanitarias, la oferta para dirigir El Mundo le llegó en el Marriott East Side de Nueva York. A ese hotel de lujo fue a tentarlo en 2015 el presidente de Unidad Editorial, Antonio Fernández Galiano, para darle un nuevo aire al periódico, que no había llegado a recuperarse de la abrupta salida de su director y fundador, Pedro J. Ramírez.

Jiménez sobrevivió en el cargo 366 portadas (y un día de huelga que el periódico no llegó a imprimirse). En El Director, que edita Libros del K.O. y sale a la venta este lunes, relata en primera persona cómo transcurrió ese año en la redacción y las plantas nobles de uno de los principales diarios del país sumido en una grave crisis económica, de modelo y también de liderazgo. El libro habla de las sutiles (solo al principio) presiones que llegan desde los despachos más altos de su propio grupo de comunicación para condicionar portadas y editoriales. Y también de cómo el poder real, las élites económicas y empresariales, intentan abrazar al recién llegado. Relata ofertas envenenadas de primeros ejecutivos del IBEX que preguntan al director si necesita ayuda -e insisten cuando este dice que no-, llamadas de presidentes de equipos de fútbol, molestos por salir en la sección de opinión con una flecha hacia abajo. Dibuja, en general, el baile de vanidades, traiciones y maniobras que es la redacción de un periódico acostumbrado durante los buenos tiempos a quitar y poner ministros y también algún presidente y que ahora sufre Eres y constantes cambios en la dirección.


En 295 páginas, Jiménez describe la atmósfera viscosa de una élite política y empresarial con sede en Madrid peleando por mantener sus privilegios en un país que amenazaba cambio, donde ya nada parecía sólido y que hasta había visto abdicar al rey tras décadas de sobreprotección de la prensa. "El poder económico protegía al poder político. El poder político protegía al poder económico. La prensa protegía al poder económico", escribe el exdirector en las memorias de un año al frente de El Mundo. Antes de llegar a las librerías ya ha soliviantado a una parte de su antigua redacción. Jiménez defiende que no es un "ajuste de cuentas" sino una forma de romper "con la ley del silencio" que se ha autoimpuesto la profesión y que, según el exdirector de El Mundo, ha hecho mucho daño al periodismo. Atiende a eldiario.es. este jueves en la redacción, tres días antes de que su último libro pueda comprarse.

Sale a la venta El Director, Secretos e intrigas de la prensa narrados por el exdirector de El Mundo. ¿Lo que pasa en el periódico ya no se queda en el periódico?

Yo creo que no se debe quedar. Los periodistas legítimamente hacemos nuestro trabajo, hablamos de los políticos, de los empresarios, criticamos a futbolistas, a los restaurantes si no nos gustan, y, en cambio, jamás hablamos de nosotros mismos. Hay una ley de silencio que ha perjudicado mucho -y lo estamos viendo estos días con las cloacas-. Nos hemos creído inmunes a la crítica y eso ha hecho mucho daño al periodismo y ha permitido que gente que no lo ejerce dignamente haya podido no solo ejercerlo sino prosperar.

Esas encuestas del CIS que publicamos los medios sitúan a los periodistas como una profesión solo un poco mejor valorada que la política.

Y nos hemos ganado esa valoración negativa. En España hay periodistas fantásticos y medios que están intentando en una situación muy difícil hacer bien su trabajo. Pero hemos cometido muchos errores, hemos trasladado las trincheras políticas a la prensa y vemos periódicos que se definen claramente e investigan solo al oponente o al que tiene una ideología diferente a la suya. Esa mezcla de opinión con información constante, donde le contamos a la gente que le estamos dando una información y en realidad es nuestra opinión... Se ve en estos títulos grandilocuentes en los que se editorializa cuando estás dando una información y luego -como se cuenta también en El Director- está el tema de las prebendas, de las influencias y los sobresueldos. Mucho de lo que hemos criticado siempre de los políticos lleva años ocurriendo en la prensa y nos hemos callado porque decidimos que eso no era interesante. Uno de los méritos que puede tener el libro es romper un poco esa ley del silencio.

Usted llegó a España en 2015 después de 17 años como corresponsal en Asia para incorporarse como director a El Mundo y su experiencia parece el relato de un extraterrestre. ¿Cómo ha sido ese choque con la realidad?

Era un momento en que estaban pasando muchas cosas. La llegada fue, como dices, la llegada de un extraterrestre. Llevaba 17 años haciendo reporterismo en Afganistán, Cachemira, Timor, cubriendo terremotos y revoluciones. Luego pasé un año en Harvard haciendo una beca Nieman y esas dos cosas -tanto la corresponsalía como el año Harvard- son chutes de idealismo periodístico. Porque el corresponsal no se mancha -digamos- en la política, no tiene contacto con la redacción y puede hacer un periodismo más o menos puro sin tener que enfrentarse a dilemas periodísticos y morales. De repente te aterrizan y casi caes como un paracaidista en uno de los grandes centros de poder de este país, que es el despacho del director de El Mundo. Y aquello va contra natura, la empresa escoge a un reportero para hacer una cosa que normalmente hace gente que se mueve muy bien en la política. Yo llego sin tener el teléfono de un solo político español o de un solo empresario, totalmente desconectado del establishment que dirige los destinos del país, y lo que me encuentro desde el primer día es un mundo absolutamente diferente a lo que yo había vivido como corresponsal. Y ahí es donde empiezan todas las dinámicas de presiones, de intentos de control del periódico por parte de empresas que están tratando de dominar la información. Y uno intenta hacer lo que estaba haciendo como corresponsal. Y se empieza a dar cuenta de las dificultades.

Cuáles son las presiones más difíciles de aguantar. ¿La llamada de un ministro se soporta mejor que la de un gran empresario? Las empresas periodísticas cuando caen sus ventas, su audiencia y su publicidad, a menudo tienen la tentación de acercarse a ese establishment para salvarse a corto plazo.

Para mí la presión más fuerte fue sin duda la económica. A mí que me llamara un político para protestar por una información me daba absolutamente lo mismo. Ya había sido reportero en Corea del Norte, donde te seguían 24 horas al día, había sido detenido en China y varias veces por hacer mi trabajo me habían vetado la entrada en muchos países. Que un político llame para quejarse, a mí no me suponía ningún estrés. Pero los periódicos -y también El Mundo en ese momento- están en una situación económica muy débil. Y ahí es donde entran las presiones políticas porque yo creo que el poder económico huele después de la crisis la debilidad de los medios y lo aprovecha muy bien y piensa que es su oportunidad.

No es lo mismo que Telefónica te presione sobre una información cuando tu periódico está ganando 50 millones de euros al año, como ha ocurrido con El Mundo en la época dorada, a que tú estés con dificultades para llegar a fin de mes y pagar las nóminas. Ahí es cuando esa presión se convierte en muy difícil porque como director te encuentras ante un dilema -que yo creo que se transmite en el libro-. Uno se pregunta si al seguir adelante con esta información a lo mejor está perjudicando a los compañeros que están ahí porque una gran empresa va a quitar la publicidad y las dificultades van a ser mayores, las posibilidades de un ERE o de un recorte van a aumentar… Esa presión es muy difícil porque quieres hacer tu trabajo y quieres informar. Pero tampoco quieres perjudicar al periódico. Tú quieres que tu periódico sea rentable y viable y quieres que todo el mundo mantenga sus puestos de trabajo. Y esa es la encrucijada moral. Se pasa peor en esa encrucijada que estando en Afganistán siendo perseguido por talibanes.

¿Es incompatible ignorar esas presiones y garantizar los 300 puestos de trabajo de los compañeros?

Ningún periódico puede ser independiente y libre si no depende directamente de sus lectores. Eso lo estamos viviendo en todo el mundo. eldiario.es, por ejemplo, tiene un modelo de suscripción claro. Cuantos más suscriptores tengas o más gente financiando tu periodismo, más capacidad vas a tener de poder decir las cosas que quieres aunque afecten al poder económico y político. Pero cuando tú dependes de lo que en el libro se llaman "Los Acuerdos", que son estos pactos por los cuales las empresas pagan a los periódicos más dinero en publicidad de la que les corresponde a cambio de favores y de un trato mucho mejor, estás atrapado en un sistema que no te deja ser completamente libre. Creo que en España la norma general es que los medios están atrapados por esa esclavitud hacia el poder económico.

¿El director firma "Los Acuerdos"? ¿Alguien le explica en qué consisten y que exigen más allá de la publicidad?

"Los Acuerdos" no los negocian los directores de periódicos, los negocian las empresas: el presidente del BBVA se reúne con el presidente del periódico o incluso del grupo. Es el presidente de todo el grupo el que negocia sus acuerdos. Y ahí no entra para nada el director. Pero el director ve el impacto que esos acuerdos tienen. Cuando tú estás a punto de publicar una información -y hay casos concretos en el libro, por ejemplo, con una información de Telefónica- y lo que recibe el director es la llamada de arriba diciéndote que nos han hecho un favor o que tenemos unos acuerdos y que si publicas esto va a correr riesgo ese ingreso económico que es fundamental en un momento de crisis como el que vivimos...

El libro tiene frases demoledoras como esta: "El poder económico protegía al poder político. El poder político protegía al poder económico. La prensa protegía al poder económico".

Es difícil de entender para la gente. Cuando hablamos del poder político o del poder económico y el poder mediático, hablamos como si fueran independientes uno de otro. Y no es así. Este es un triunvirato de poder, los intereses son comunes y cuando se pone la maquinaria en funcionamiento y quieren aplastar a alguien, se ponen en funcionamiento los tres poderes. Y sus intereses están tan ligados ahora que yo creo que no tienen ni que hablar. Es decir, que los políticos saben que dependen del poder económico, el poder económico sabe que la prensa depende de ellos y al final todo está mezclado. Y sucede otra cosa: se ha creado una especie de gueto de ese establishment, gente que va al restaurante X o al reservado y sólo se ve con personas de ese círculo. Su contacto con la realidad del país es mínimo y es uno de los grandes problemas que ha vivido la prensa, que ha acabado escribiendo para el establishment, en parte porque se ha convertido en establishment.

Otro párrafo de El Director: "Mientras los herederos de la Transición convertían el país en una inmensa agencia de colocación de afines y los partidos que debían defender el Estado de Derecho se aprovechaban de él, los medios elegimos el bando equivocado".

Eso se vio claramente en la crisis económica. Cómo los periodistas no supimos ver en medio de aquella crisis provocada en gran medida por ese establishment económico y político, y no supimos tomar partido por la gente.

Se vio por ejemplo cuando Bankia salió a Bolsa. Desde el Gobierno y desde Bankia, que es uno de los grandes anunciantes de la prensa en ese momento, se empieza a llamar a los directores de los periódicos para decirles "tenéis que apoyarnos en esto" y los periódicos apoyan. Y si te fijas, en aquellos días la cantidad de páginas y páginas de publicidad en favor de la salida a bolsa iban acompañadas de informaciones favorables. Muy poca gente decidió ponerse a investigar esas cuentas y ver qué había detrás de todo aquello. El resultado fue que como no estuvimos del lado de la gente no hicimos nuestro trabajo. Y al final acabó pagando mucha gente por la negligencia y la ausencia de esa información mucho más rigurosa que teníamos que haber llevado a cabo.

En el libro cuenta que el Gobierno de Rajoy no solo tomó los medios públicos sino que en las televisiones privadas iba colocando tertulianos que recibían consignas a través de mensajes telefónicos y que había políticos recordando a esos periodistas quién les había puesto ahí.

Yo creo que durante los años de [Mariano] Rajoy en relación a la prensa -y esto es algo que mantienen no sólo periodistas que uno pueda considerar de izquierdas sino que los que podrían ser más afines al Partido Popular también te lo dicen- se vivió el mayor ataque contra la libertad de prensa de este país desde la dictadura. Yo a los pocos días de llegar a la dirección del periódico recibí un mensaje del Gobierno en el que se me transmitió que no estaban contentos con la persona que cubría el PP. En ese momento yo ni siquiera la conocía y no sabía si era buena periodista o mala. Lo que sí sabía es que jamás iba a aceptar que desde el Gobierno dijeran quién tenía que cubrir sus informaciones y quién no. El Gobierno usaba la estrategia del palo y la zanahoria. El que no pasaba por el aro recibía castigos, se expulsaba de las tertulias, se provocaba el despido de gente haciendo llamadas a los grandes directivos, se amenazaba con la publicidad institucional, con las licencias de televisión… En 2015 las elecciones son en diciembre y hay una concesión de licencias digitales de televisión en octubre. ¡Qué casualidad! Lo que hace es enviar el mensaje clarísimo para que los medios sean buenos si quieren tener alguna posibilidad de que les caiga una licencia de esas que están valoradas en muchos millones de euros.

El Gobierno de Rajoy fue un periodo muy tóxico y no solo por la gestión de los medios públicos. Se vio claramente lo que se hizo con ellos, pero también se extendió a los privados y ahí yo creo que los periodistas de nuevo pudimos haber sido más más valientes, no hubo suficiente resistencia a ese acoso a la prensa. Y cuando digo esto, pienso mucho en países en los que he estado trabajando como corresponsal donde he visto a periodistas que no se arriesgaban a perder una tertulia, se arriesgaban a 20 años de cárcel. Y aún así iban con la información y están en la cárcel en países como China, en Vietnam, en Birmania. Yo lo veía como un contraste con un país donde por una tertulia había gente que aceptaba esas consignas y decir lo que le mandaban desde Moncloa. Uno de los aspectos más surrealistas de esa presión era que había un enfrentamiento en el Gobierno entre [Soraya Sáenz de] Santamaría y [María Dolores de] Cospedal y una lucha entre las dos por colocar al mayor número de tertulianos, a veces para atacarse entre ellas.

A mí me pasó que al poco de llegar a la dirección, Gallego y Rey publicaron una viñeta en la que se relacionaba a Rajoy con la corrupción y entonces recibí un mensaje muy crítico de la secretaria de comunicación del Gobierno [Carmen] Martínez de Castro. Me quedé un poco sorprendido porque venía de Estados Unidos donde eso es impensable yo no me podía imaginar al secretario de comunicación estadounidense enviándole al director de el New York Times o el Washington Post mensajes censurando una viñeta humorística. Y claro si se censuraba eso, qué no iba a pasar cuando ya eran informaciones sobre corrupción.

¿Diría que con usted al frente El Mundo soportó bien esas presiones?

Creo que las soportamos bien. El Mundo tiene un grupo de periodistas que están muy acostumbrados a enfrentarse al poder. Escribo en el libro que es el periódico más valiente de la democracia porque, con muchos errores que hemos cometido -y yo he cometido unos cuantos también-, lo cierto es que si uno ve los grandes escándalos de corrupción en la historia de la democracia española, casi todos han sido sacados por El Mundo. En el año en el que estuve hice 366 portadas. Uno las repasa y a lo mejor hay 30 portadas que hoy no habría hecho o las habría hecho diferentes, pero muchas de ellas lo que me transmiten es que hubo valentía por parte de la redacción en seguir investigando la corrupción del Partido Popular y en criticar al resto de partidos que aspiraban a sustituir al PP. Yo creo que se hizo un esfuerzo por mantener la independencia del periódico. ¿Qué ocurre? En los años de Rajoy cuatro directores de El Mundo son despedidos. ¿Es eso casualidad? ¿De repente todos eran malísimos? Pongamos que yo era malísimo, ¿los otros tres también? No hay precedentes en la historia del periodismo de este país. Una destitución tras otra de directores. ¿Y por qué se producen esas destituciones? Porque había una campaña coordinada del poder económico y del poder político para someter a un periódico que había sido uno de los más combativos durante la democracia.

Dice que usted también ha cometido errores. ¿Cuáles? ¿En el libro hay la suficiente autocrítica?

Si a mí alguien me dice hoy si el día que llegué a la dirección de El Mundo estaba preparado para ser director de El Mundo, yo le digo que no. No había gestionado una redacción, no tenía los contactos en España. Venía de una corresponsalía, que es un trabajo absolutamente diferente, y en la gestión de la gente que requiere una redacción grande como la de El Mundo, ahí yo creo que cometí muchos errores. Siempre digo que no estaba preparado para ser director el día que llegué y en cambio sí lo estaba el día que me despidieron. Porque después de un año y de las presiones políticas, económicas, el ERE que se hizo en la empresa, las intrigas que siempre hay en las redacciones... digamos que hice un máster en lo que es la dirección de un periódico. Ahí sí creo que estaba preparado, pero claro que cometí errores, también periodísticos sin duda, porque un periódico es al final ese primer borrador de la historia. Lo que sí puedo decir es que todos los errores que cometí fueron con criterios periodísticos e intentando hacer el mejor periódico posible. Al final el error es inevitable.

El exministro del Interior Jorge Fernández Díaz le dijo a usted que "no son tiempos para la neutralidad". En ese momento, allá por 2015, y según estamos viendo ahora, en su Ministerio estaba operando una policía política para perseguir adversarios y destruir pruebas de casos judiciales que podrían perjudicar mucho al Partido Popular. Es entonces cuando le dice el ministro que "no son tiempos para la neutralidad" al director de uno de los principales periódicos del país.

Lo curioso no es que el ministro me dijera que no eran tiempos para la neutralidad y me pidiera que sometiera la independencia del periódico a los intereses del Gobierno. Lo curioso es que no fue sólo él, es que en sucesivas reuniones con ministros repetían la misma frase. Eso me hizo pensar que había sido una idea coordinada desde el Gobierno. Ellos me transmitieron que había dos medios de comunicación que les interesaba controlar o que les interesaba tener de su lado, especialmente de cara a las elecciones de diciembre de 2015: El Mundo y Antena 3 Televisión. El propio ministro, y lo digo en el libro, me contó que ahí están los dudosos que pueden elegir entre Ciudadanos y el PP. Entonces ahí se produce ya esa idea del concepto patriótico. Y esas frases de que el periodismo está muy bien, la independencia está muy bien, pero que estamos en un momento en el que tenemos que ser patrióticos. ¿Y ser patriótico qué es? Pues destruir a los adversarios del Partido Popular y tratar de que vuelva a salir reelegido Mariano Rajoy. Claro, yo no podía aceptar eso, entre otras razones, porque yo estaba convencido de que Mariano Rajoy y el Partido Popular necesitaban pasar a la oposición para regenerarse porque estábamos viviendo un escándalo tras otro. En ese momento no se sabía todo lo que estamos viendo ahora pero ya se transmitía esa idea de utilizar los resortes del Estado para intentar mantenerse en el poder. Es más grave si uno lo cuenta diciendo que se iba a utilizar el dinero público de todo el mundo. Los que votan a Podemos, los de Ciudadanos o los que votan al PP… Y se iba a utilizar todo ese dinero para intentar destruir a los adversarios del Gobierno.

¿La coartada de que España estaba en peligro por "la llegada del populismo" sirve al mismo tiempo para poner a policías a fabricar informes contra rivales políticos del PP y para decir a los directores de periódicos que no son tiempos para la neutralidad?

Hay que irse al tiempo que estábamos viviendo en ese momento. Pablo Iglesias no estaba en el momento bajo en el que está ahora, donde las encuestas le dan cada vez menos votos. Se veía a Pablo Iglesias como una posible alternativa al poder. En alguna encuesta salía segundo no muy lejos del Partido Popular. Habían tenido en las elecciones europeas aquella irrupción y la élite veía eso con terror. Algunos pensaban que les iban a confiscar la casa de la playa. Identificaban riesgos y lo comparaban con lo que estaba pasando ya en Venezuela. Y ahí yo creo que se toma la decisión en el establishment -y ahí vuelvo al triunvirato del que hablaba antes del poder económico político y mediático- para decidir qué hacer y evitar la llegada al poder de Podemos. Y yo estoy en desacuerdo con casi todas las medidas que propone Podemos en muchos aspectos económicos por ejemplo, pero una cosa es estar en desacuerdo con un partido y otra, romper las reglas de la democracia y tratar de destruirlo utilizando además el dinero público de todos, la policía que debe proteger a todos las instituciones que están ahí para servir a todos. Este es uno de los grandes escándalos de la democracia en este país y lo que me llama la atención es que no sea mediáticamente mucho más escándalo de lo que está siendo la pregunta.

Dice que el establishment se asusta ante la posible victoria de Podemos y piensa qué hacer para impedirlo. ¿Qué se hizo?

Lo que se hizo fue utilizar desde el Ministerio del Interior todos esos resortes de la policía y demás para investigar a Podemos. Me parece bien que si hay sospechas de que tiene financiación irregular se investigue. Pero es que se hizo mucho más. Es que se produce una alianza entre el Ministerio del Interior y algunos periodistas de algunos medios para fabricar noticias, porque al final yo cuento en una parte del libro que a mí se me ofrecieron dos informes de Podemos que uno lo veía y decía que esto no tiene seriedad, no tiene un sello, no tiene absolutamente nada. ¿Entonces cuál era mi reacción? Digo que vamos a investigarlo nosotros, no dar simplemente la filtración que nos llega, el papel. Eso que decimos siempre en España de que no hay periodismo de investigación, que hay periodismo de filtración, es una gran verdad porque muchas veces lo que se hace es publicar el papel que está filtrado interesadamente sin haber hecho una investigación. Eso en un periodismo como el anglosajón, el alemán, o el francés sería absolutamente imposible. Vale que todas las investigaciones parten de filtraciones pero luego hay que hacer nuestra propia investigación, vamos a contrastar esa información y es evidente que no todo el mundo lo hacía. En muchos casos por negligencia pero en otros, de una manera voluntaria.

Cuenta en el libro que el expresidente del BBVA Francisco González cuando necesitaron cuadrar las cuentas de El Mundo a final de año se ofrece a solucionarlo. Es el mismo banquero que en aquel momento estaba pagando a Villarejo a cambio de espiar a políticos y rivales.

Es cierto que en 2015 no lo sabíamos pero…

Lo que le pregunto es si esa forma de ayudar a la prensa es un camino para garantizarse la impunidad, vistas las prácticas que estaban llevando a cabo.

El BBVA por ejemplo es un banco que tenía un fondo y un dinero destinado a ganarse periodistas y a financiar medios de periodistas afines. Está dentro de lo que yo llamo "Los acuerdos" en el libro, que son estos pactos de los que hablábamos antes. El Ibex paga a la prensa mucho más dinero del que le correspondería por audiencia. Uno se va a los obituarios de Emilio Botín cuando fallece y no encuentra un defecto. Eso no es casualidad, quiere decir que al final todos los favores que el Ibex le hace a la prensa se pagan de una manera u otra y cuando llega una información comprometida…
Durante muchos años se ha interiorizado por los propios periodistas que hay una serie de personas que son intocables. Yo creo que eso está empezando a cambiar para bien y hay gente que empieza a citar empresas que antes eran absolutamente intocables. Durante muchos años era impensable cuando te llegaba una información de Telefónica, del Banco Santander o del Corte Inglés. De todas estas empresas, digamos poderosas y que eran los grandes anunciantes de la prensa, al propio periodista ni se le ocurre ir al jefe a proponer que esto vaya a ser publicado. Es un sistema que yo creo que ha ido corrompiendo a la prensa, ha ido deteriorando la calidad de la independencia y ha ido enviando el mensaje a esas empresas de que podían hacer absolutamente lo que quisieran porque nadie las fiscalizaba. Ellos no sentían la vigilancia de una prensa detrás que, si encontraba una irregularidad, iba a publicar una noticia a cinco columnas en la portada. Estaban pagando todo este dinero a la prensa para ganarse su favor.

En El Director escribe que hay periodistas cobrando sobresueldos de grandes empresas. ¿No deberían estar los nombres en el libro?

Se dan algunos, fue Fíltrala, la plataforma de transparencia, la que dio varios nombres que figuran en el libro, de gente que había cobrado por ejemplo de El Corte Inglés. Yo tenía la confirmación de que Telefónica estuvo pagando por diferentes servicios a cerca de 80 periodistas. Yo he tratado de conseguir esa lista y no la he conseguido pero si mañana la recibiera, al día siguiente la colgaría en Twitter porque creo que haría un servicio al periodismo de este país.

Hay párrafos de esas memorias que trazan una caricatura de algunos poderes fácticos. Grandes empresarios que llaman para protestar porque en la sección de opinión salían con una flechita hacia abajo.

A mí me provocaba una mezcla de sorpresa y sonrojo que un gran presidente del Ibex con miles de empleados, con sueldos de muchos millones, se preocupe de llamar a un periódico para que en un centímetro de la sección de opinión le pongas su foto y una flecha para arriba. Esto es absurdo. Dice más de la condición humana y del ego que de cualquier otra cosa. Esas posiciones dependen mucho de la imagen y una de las razones por las que yo creo que las empresas del Ibex muchas veces pagan más dinero del que les corresponde a los periódicos por publicidad, no es tanto por proteger a la empresa en sí, sino por la imagen de sus propios directivos.

Dice a lo largo del libro que cuando llega, el periódico todavía no está recuperado de lo que supuso la cobertura del 11-M y dar pábulo a teorías conspiranoicas tras los atentados de Madrid. Y que pensó en pedir perdón desde el periódico a los lectores pero que si no lo hizo fue por no cuestionar a sus antecesores.

Yo estoy convencido de los muchísimos aciertos que tuvo El Mundo en grandes casos de corrupción tanto con el PSOE como de Felipe González como con el PP de Mariano Rajoy. Sin embargo creo que el 11-M nos equivocamos. Yo entonces era corresponsal, lo viví desde desde la distancia y con angustia porque a mí sí me parecía que estábamos convirtiendo coincidencias en informaciones, que nos estábamos dejando contaminar por intereses. El propio Casimiro García Abadillo [su antecesor] cuando llega a la dirección del periódico se disculpa en cierta manera y dice que no hicimos todo bien. Creo que la mejor definición de lo que le pasó al periódico en esa época es que nos creímos en principio la mentira. Yo creo que las primeras informaciones que da el periódico realmente nos las creímos y que quizá luego no supimos salir de la trampa en la que nos habíamos metido o que nos habían metido. Mi intención al llegar al periódico es que no repitiéramos ese tipo de errores, todavía le tengo aprecio a ese periódico en el que empecé de becario y he trabajado 20 años y debo decir que también me parece injusto cuando se define al periódico El Mundo solo en base al 11-M. Porque si uno ve todo lo que ha hecho el periódico por la democracia en este país, por la regeneración: desde terrorismo de Estado, fondos reservados, corrupción en partidos.. ¿Qué periódico empieza a sacar y a publicar de una manera valiente informaciones comprometedoras de Urdangarin, del rey Juan Carlos? Es El Mundo. Yo creo que ha sido un periódico muy valiente pero en esa valentía se cometieron excesos y errores.

Más allá de esa hoguera de vanidades que es un periódico muchas veces y de las maniobras que siempre existen en un diario, hay párrafos del libro que no dejan bien a una parte de esa redacción. Asegura que decidió poner en marcha junto a la asesoría jurídica unos talleres para explicar normas sobre la comprobación de fuentes al ver cómo se multiplicaban las querellas.

Cuando tú entras en una redacción de 300 periodistas, te vas a encontrar gente brillante, rigurosa, con unos principios sólidos pero también gente que ha asumido esa idea de que la realidad no te estropee un buen titular. Yo sí tenía un empeño muy especial en que el rigor del periódico aumentara, en que pudiéramos ser capaces después también de lo que había pasado en el 11-M, de recuperar la confianza que habíamos perdido en parte de nuestros potenciales lectores. A mí me parece que en todas las redacciones no vendría mal continuar esa formación y seguir recordándonos las reglas básicas de contraste, de rigor y demás. De repente hemos pasado a producir mucha más información que antes y mucho más rápido y con redacciones limitadas tras muchísimos despidos. El error es mucho más probable cuando te encuentras en esa situación. Y ahí es donde yo quería trabajar tanto con los abogados como a nivel organizativo para ver si podíamos conseguir eso. De hecho en el plan que nunca se llevó a cabo y que presenté a la empresa días antes de que me despidieran, había una mesa de calidad con editores para intentar mejorar ese aspecto del periódico.

Dirigentes de Podemos en las últimas horas han recurrido a su libro como prueba de sus denuncias, de que hubo una campaña contra ellos en algunos grandes medios.

En los mensajes de Podemos lo que veo es cierta incoherencia. Yo creo que Podemos acierta completamente cuando dice que la prensa ha vivido un periodo de manipulación, que el IBEX presiona a la prensa, que los políticos se han metido en despedir a periodistas... Eso es así. Es decir el diagnóstico es correcto pero para que tú propongas el remedio, debes dar ejemplo. Y yo lo que viví en mi época es que el PP acosó a la prensa. Pero también mientras yo era director Pablo Iglesias señalaba en un acto [a uno de los redactores de El Mundo] y le decía que estaba intentando promocionarse en el periódico publicando cosas negativas de Podemos. Lo hizo con nombres y apellidos. Está muy bien denunciar que todas esas presiones existen y que hay mucho que mejorar. Pero si tú aspiras a sustituir ese modelo por uno mucho más limpio y transparente -donde la prensa pueda actuar con mucha más libertad- tienes que ser el primero en dar ese ejemplo. Yo creo que eso no siempre se produce.

Pero es cierto que en España los periodistas que perdieron su trabajo o fueron relegados no fueron los que señalaba Pablo Iglesias, por censurable que fuera esa actuación del líder de Podemos. 

Por eso es tan importante que desde la oposición donde ni siquiera tienes la capacidad de eliminar o descartar a un periodista o influir de esa manera, tú ya estés dando ejemplo de lo que vas a hacer cuando llegues al poder. Porque, claro, a mí me hace sospechar o recelar de un político. A mí eso me pasó con todos, he llegado a recibir llamadas de los cuatro principales partidos políticos en un mismo día y a mí eso me lleva a pensar que ninguno de ellos entiende el papel del periodismo en democracia, sólo les agrada la prensa independiente cuando está atizando al adversario. Pero en cuanto les das a ellos, aunque sea una información rigurosa y contrastada, no les gusta y te llaman para quejarse. Claro, con el político que hace eso te preguntas qué hará cuando esté en el poder. ¿Quejarse sólo o intentará doblegar a ese medio? Esa es la duda. Es verdad que hay que dejar que la gente llegue a esa situación para que demuestre cuáles son sus intenciones, a mí me encantaría tener políticos en el poder que dejaran a los periodistas en paz, que no jugaran con las licencias o la publicidad institucional. La publicidad institucional es el dinero de todos los españoles y en este país se ha utilizado para premiar a unos periodistas y a unos medios y castigar a otros. Ha pasado a tu periódico que ha sido castigado en ocasiones o por lo menos he leído informaciones publicadas por eldiario.es quejándose de ese reparto de la publicidad institucional.

Entre los errores que señala sobre su gestión está el tratamiento de la jueza Victoria Rosell, hoy candidata de Podemos. Asegura que no creyó sus explicaciones y que dio por buena la honradez del exministro Soria.

Soria, para empezar, dimite gracias a una información publicada por nuestro periódico después de los Papeles de Panamá. Nuestra relación con Soria no acabó bien. Cuando surge las informaciones sobre Rosell, yo primero creo que es absolutamente legítimo que el periódico publicase. Porque estábamos hablando de una persona que podría llegar a ser ministra de Justicia si Pablo Iglesias hubiera llegado al Gobierno. Era legítimo informar. Segundo, esas informaciones venían de un juez y eso siempre otorga un cierto grado de confianza porque se estaba investigando. Tengo un juez que está sacando unos autos diciendo unas cosas de una persona y tengo a esa persona diciendo que todo esto es falso. Rosell me llama y de hecho publicamos una doble página dando su versión en el suplemento Crónica pero yo en ese momento creo más al juez o por lo menos no pongo suficientemente en duda los autos que el juez está publicando y acabamos publicando muchas historias que luego se ha visto con el tiempo que no eran ciertas. A mí lo que me preocupa es que cuando uno hace periodismo y se equivoca, las consecuencias son duraderas y a lo mejor irreversibles. No es el caso porque Rosell está volviendo a la política pero sí creo que debía haber cuestionado más los autos del juez [actualmente imputado por cinco delitos] y debía haber puesto a más gente a investigar la posibilidad de que fuera una conspiración.

El libro cuenta que decidieron publicar un editorial pidiendo la dimisión de Mariano Rajoy y que ahí se dieron cuenta de la pérdida de influencia del periódico porque más allá de incomodar al Gobierno no tuvo una gran repercusión.

Es una de las cosas que ha sucedido con la prensa, hemos vivido en una burbuja en la que nos creíamos que éramos el faro de la sociedad. Cuando uno escucha hablar a los periodistas de su trabajo, siempre es grandilocuente, defendemos la democracia, nos damos todos estos premios constantemente y nos metemos en una burbuja en la que muchas veces solo conversamos con otros periodistas y políticos, estamos poco en contacto con la realidad. Las tiradas de los periódicos hoy en papel se han desplomado más probablemente que en ningún otro país del mundo. En parte, por la pérdida de credibilidad de esos periódicos y en parte porque yo creo que la gente nos identifica como parte de ese establishment. Entonces decimos que tenemos mucha influencia y no es verdad. En esta sociedad de internet, con las redes sociales, con las miles de voces que hay, la prensa cada vez tiene menos influencia. Uno se puede ir a Estados Unidos. De los 100 principales periódicos de Estados Unidos, 99 pidieron que no se votara a Trump. Y ganó Trump. En España ocurre lo mismo, es decir, la influencia de la prensa ya está muy limitada a ese establishment a ese círculo de académicos, políticos, empresarios y periodistas, sobre todo la prensa de Madrid, muy limitada a Madrid. ¿Pero tenemos influencia realmente en la sociedad? ¿La gente realmente vive pendiente de lo que dice El País, El Mundo? Pues a veces no, porque ahora tienen muchísimas más voces, muchísimos más elementos y se ha dispersado mucho esa influencia. Uno de los grandes errores del periodismo en este país y en otros, pero en este país especialmente, ha sido el ego, habernos creído que éramos mucho más de lo que éramos.

Ese diagnóstico está escrito en su libro en dos líneas: "Sólo importábamos un pequeño gueto de la élite económica política burocrática académica y cultural de Madrid. Sólo éramos relevantes para el establishment".

Eso define perfectamente la prensa tradicional de este país.

Su libro deja una pregunta por responder. ¿Por qué alguien decide que un corresponsal que lleva 17 años en Asia y sin contactos con la política o las empresas españolas se siente en el despacho del director de El Mundo?

Yo me pregunté siempre por qué alguien decide cometer la imprudencia de hacer de un reportero un director de periódico. Al final, mi conclusión es que fue precisamente porque no tenía ningún contacto con la política ni la empresa. Yo creo que lo que buscan es una imagen del gran reportero que se ha jugado la vida en conflictos, que además viene de Harvard de estar un año haciendo trabajos de transformación digital, y les sirve como una buena imagen. Luego yo creo que se plantean que al no tener contactos en la política y en la empresa, que van a poder manejarme. Yo creo que enseguida se dan cuenta de que eso no es así, que el reportero es menos manejable quizás que una persona que ha vivido muchos años todo ese mundo de conspiraciones intrigas y presiones y ahí se produce un choque. Yo llego en mayo y en julio ya se produce un gran choque. Cuando se me empiezan a dar instrucciones y no las acepto y ahí yo creo que ellos se dan cuenta de que se han equivocado y que había sido un error traerse a un reportero para el puesto de director.

Lo que choca es que usted diga en el libro que después de saber que la empresa no iba a cumplir con lo que le prometió, volvería a intentarlo.

Sí, porque El Mundo ha sido mi periódico de toda la vida y yo pensaba que podía ayudar en un momento muy difícil. Pensaba que teníamos que mantener la independencia del periódico, el espíritu original y combativo que se había vivido en los años 90. Y pienso que era una oportunidad única y que merecía la pena luchar y defender el periódico y el proyecto en el que yo creía. Yo creo que en el libro queda claro que no siempre lo consigo pero creo que merecía la pena intentarlo una y otra vez porque El Mundo como periódico combativo e independiente que ha sido mucho tiempo es necesario para este país.

¿Entiende que parte de sus compañeros vean en el libro un ajuste de cuentas?

No es un ajuste de cuentas y aún así entiendo perfectamente que haya gente en el periódico que se sienta mal por que lo haya escrito. De la misma manera que yo creo que tengo derecho y la libertad de expresión para contar mi verdad sobre ese año. Cada uno lo verá de una manera diferente y no me importan las críticas, quizás lo único que pediría es que teniendo en cuenta que el libro sale el lunes a la venta, que las críticas se hagan después de leerlo porque he visto algunas que son previas a haber leído el libro. Eso siempre es injusto para cualquier persona y cualquier obra, el hacerte una conclusión y juzgar un trabajo sin haberlo leído, creo que no es periodísticamente lo mejor.

¿Por qué cree que le despidieron? ¿Quién cree que le despidió?

Yo creo que en El Mundo los cuatro directores, incluido yo, fueron despedidos por ese triunvirato del que hablaba antes del poder económico, político y mediático. Se buscaba dominar el periódico y yo creo que al final realmente quien acaba con mi situación al frente del periódico es la empresa, pero influida y en connivencia con los poderes económicos y los políticos, porque se veían incómodos teniendo un periódico que tratara, no digo que siempre lo hiciera, pero que al menos tratara de contar la verdad."              (Entrevista a David Jiménez, ex-director de El Mundo, José Precedo, 04/04/19)

26/3/19

¿El que defiende la libertad de expresión quiere que el medio sea de un banco?... En Brasil, los partidos políticos, las iglesias y los políticos en el gobierno no pueden ser accionistas de un medio. Nadie dudaría hoy que no sería bueno que el 70% del capital de un partido político fuera de un banco, nos parecería una barbaridad. Teniendo en cuenta que un periódico o una televisión tiene más actividad política y creación de opinión que un partido, que haya detrás del medio un banco es negativo. En muchas ocasiones nos encontramos con que tertulianos, articulistas, opinadores están a sueldo de un banco. Eso hay que intentar evitarlo...

"(...) Ayer, Podemos proponía una medida programática basada en la prohibición de que los bancos puedan ser accionistas de los medios de comunicación, una medida que inmediatamente causó revuelo en los despachos de cadenas y emisoras, en las redacciones y tertulias.

 Serrano analiza la medida de Podemos en una charla que, necesariamente culmina con la situación del periodismo en el Estado español y de los periodistas. En el mundo de las fake news, hacen falta análisis que nos expliquen quién nos cuenta lo que ocurre en el mundo.

– Podemos proponía ayer la prohibición de que los bancos puedan ser accionistas de los medios de comunicación. ¿Qué valoración hace de esta medida? 


– Es una idea positiva, creo que hay que desarrollarla, pues en nuestra economía las posibilidades de participación pueden ser directas o indirectas. Es decir, no solamente puede ser accionista el banco, también puede ser una inmobiliaria del banco, una aseguradora del banco o un fondo financiero del banco. Existen muchos modos de que los bancos sean dueños de un medio.

En segundo lugar, esto ya se ha hecho en otros sitios. Concretamente, en la Constitución de Ecuador esto ya consta. Creo que es un tema muy fundado desde el punto de vista teórico. Es muy importante asegurar que nuestros medios tengan garantizada la máxima independencia y pluralidad y, para ello, es necesario que no sean propiedad de sectores potencialmente intencionales en la información. 

Nadie dudaría hoy que no sería bueno que el 70% del capital de un partido político fuera un banco, nos parecería una barbaridad. Teniendo en cuenta que un periódico o una televisión tiene más actividad política y creación de opinión que un partido, que haya detrás del medio un banco es negativo. En muchas ocasiones nos encontramos con que tertulianos, articulistas, opinadores están a sueldo de un banco. Creo que eso hay que intentar evitarlo.

También hay muchos medios que, sin ser propiedad de los bancos, deben mucho dinero a los bancos. Están prácticamente hipotecados, prácticamente en bancarrota con una deuda enorme a los bancos. Si se mira el accionariado, el medio no es de los bancos, pero el consejo de administración toma todas las decisiones teniendo en cuenta que debe ese dinero. Quiero decir que la ley, además, debería contemplar un mecanismo para limitar el poder de influencia de los bancos, que no solo es el ser accionariado, también el ser acreedor.

– ¿Y por qué la propuesta de Podemos excluye los bancos y no otras grandes empresas o multinacionales?

– Yo creo que debería irse a más de eso. En países como Brasil, los partidos políticos, las iglesias y los políticos en el gobierno no pueden ser accionistas de un medio. Creo que una vez se abre el melón de qué accionistas pueden ser perniciosos para la actividad informativa, tampoco deberían poder serlo ni la Iglesia ni los partidos políticos.

– Han habido críticas que señalan que la propuesta de Podemos es un ataque a la libertad de expresión. ¿Qué opina al respecto?


– Hace ya mucho que los dueños de los medios llaman ataque a la libertad de expresión a todo lo que le afecta a su oligopolio. Lo que ataca la libertad de expresión es que los ciudadanos no tengan acceso a los medios de comunicación, que no haya pluralidad informativa, el derecho a la censura que tienen los propietarios de los medios para elegir quién publica y quién no, quién participa en la tertulia y quién no, quién es entrevistado y quién no.

La libertad de expresión es un derecho del ciudadano, no de los medios de comunicación y sus propiedades. Esta propuesta no está destinada a recortar la libertad de expresión, sino a garantizar la pluralidad de los medios.

– La cadena La Sexta publicó ayer un vídeo en el que comparan el discurso de Podemos y el de Vox con respecto a los medios de comunicación. ¿Cree que se puede hacer esa comparación?


– No conozco las propuestas de Vox con respecto a los medios de comunicación, no sé si la tienen porque están solamente en su bucle de Franco, caza y toros. Dudo mucho que tengan una propuesta destinada a fomentar la pluralidad de la información.

 Me temo que antes todo lo que no gustaba a los propietarios de los medios se comparaba con ETA y ahora se compara con Vox para desprestigiar.

Hay que analizar la propuesta en sus términos justos y con inteligencia. ¿Quien defiende la libertad de expresión quiere que el medio sea de un banco? Es curioso y muy elocuente. Si de verdad tan independientes, libres y plurales son, no entiendo el deseo de que su dueño sea un banco. La gente no tiene deseo de que el propietario de su casa sea un banco. Es curioso que los defensores de la libertad de expresión quieran que los propietarios de los medios sean los bancos.

– ¿Qué papel están jugando los medios de comunicación en el ascenso de Vox?


– Yo defendí que Vox era noticia, en la medida que irrumpió con fuerza en Andalucía. Tenía sentido hablar de este partido. Ahora, el tema se ha pasado de madre. El último ejemplo, el de las armas. 

Que un señor que no representa a nadie, que no es diputado, que se le ocurre que todo el mundo tiene derecho a tener un arma en su casa para pegarle un tiro a quien se presente ahí, que eso sea objeto de la agenda mediática me parece que es una prueba del desvarío de los medios por evitar los temas que de verdad interesan a la gente. No hay movimiento ciudadano que se esté planteando la necesidad de la legalidad de las armas. Es un debate absolutamente artificial y los medios han hecho hasta encuestas. Es desmedido el fenómeno que los medios están creando sobre Vox.

Quizás no forme parte tanto de una estrategia de apoyo a Vox, sino de un desvío que hace tiempo tienen determinados medios de comunicación de sobre lo que es y no es noticia. Otro ejemplo de esto sería cómo nuestra agenda diaria se ve colapsada por la cuestión de los lazos amarillos. 

Evidentemente, la cuestión de Catalunya es importante en la agenda informativa, pero el hecho de si ponemos o quitamos lazos, no lo creo. Algunos saben que tocando la tecla de lo trivial consiguen ocupar la agenda.

– ¿Puede hacer un esquema sobre cuál es el panorama mediático español y los intereses que hay detrás de los principales medios?


– Sabemos que detrás del Grupo Prisa hay fondos de inversión que entraron como accionistas simplemente porque eran acreedores que no cobraban. También hay familias millonarias, como la familia Godó, que es un  grupo de comunicación importante. Hay grupos italianos que controlan televisiones y prensa, el Grupo Planeta, televisiones.

Para hacernos una idea, el 90% de la publicidad en televisión se la llevan dos empresas. Dicho de otra manera, el dinero que ingresan las televisiones en abierto se lo reparten solo dos empresas. Esto es una muestra de cuál es nuestra pluralidad. Sabemos que son Atresmedia, con Antena 3 y La Sexta, y Mediaset, con Cuatro y Telecinco. Esto es una demostración de la ausencia de pluralidad.

– En la información internacional, vemos un claro sesgo tendencioso. ¿Cómo definiría la información internacional que el ciudadano medio español se encuentra en los medios mayoritarios?

– El principal problema de la información internacional es que no es rentable y es cara. Ya el mercado nos va a impedir estar informados sobre lo que ocurre internacionalmente porque no es rentable enviar un corresponsal a Siria, Ucrania, Rusia o Ecuador. Si a eso le añades las claves de los grupos económicos y sus intereses extranjeros, se entiende perfectamente. Nuestros medios estarán al servicio de los intereses económicos de las grandes empresas en cada uno de los países.

Como anécdota, una vez un ministro cubano me preguntó qué podía hacer para que El País no atacara continuamente al gobierno cubano. Le dije que la solución era muy sencilla, que privatizaran la sanidad, los recursos naturales, la electricidad, la telefonía, el agua y las costas y que todo eso se lo quedaran empresas españolas, a poder ser, accionistas de Prisa. Así, con toda seguridad, les tratarían muy bien, como hicieron con Argentina en el año 2000, un año antes de que colapsara el país.

– Ayer, los portavoces de Podemos apostaban por un nuevo modelo de la radiotelevisión española pública. ¿Qué modelo propondría usted?

– Zapatero en parte lo inició. Una de las condiciones es crear un grupo de administración plural, donde estén representados los sectores económicos, los sindicatos, los sectores sociales… Eso es muy importante, que diferentes órganos técnicos que supervisen todo eso. Yo nunca he creído que tienen que ser solamente los sindicatos los que elijan a los representantes, tampoco se trata de darle todo el poder a los sindicatos de la radiotelevisión pública.

 Tienen que estar representados, también, sectores económicos, movimientos sociales, académicos, en órganos que auditen esa pluralidad en los medios públicos.

Luego, fundamentalmente, que haya suficiencia económica y autonomía financiera, es decir, que no tenga que depender siempre de decisiones arbitrarias del gobierno para poder subsistir.

– En algunos países el reparto de licencias se hace entre privadas, públicas y comunitarias…


– Una de las cuestiones pendientes en España es el reparto de las licencias. Para los profanos, hay que explicar que el espacio radioeléctrico es limitado y propiedad del Estado. Por tanto, es el Estado el que decide a quién le da licencia para operar. Es limitado, por lo que solo caben los canales que caben, y nada más. No es como los periódicos, que se pueden crear los que sean y allá quien los cree.

Dicho esto, hay que ver cómo se reparte ese espacio. El criterio que se ha seguido en los países más progresistas del mundo, que a mí me parece bien, es el dividir ese espacio en tres tercios. Un tercio, para las empresas privadas y sus negocios. Otro tercio, para el Estado, para que tenga sus medios públicos, repito, públicos, es decir, ni partidistas ni gubernamentales, controlados por sistemas democráticos.

 El otro tercio para la sociedad organizada a través de organizaciones sin ánimo de lucro o colectivos comunitarios o vecinales, que no dependen del mercado o la realidad financiera y tienen autonomía total del gobierno.

Estos últimos son los que están siendo peor tratados por la legislación española. Un ejemplo, la ley audiovisual española que se aprobó con Zapatero estableció que las televisiones sin ánimo de lucro no podían facturar más de 100.000 euros al año y las radios más de 50.000 euros al año.

 Es decir, que una radio de estas no podía tener más de dos personas en plantilla, por si acaso con el mercado no fueras ya precario, con esta ley te obligan a ser precario por imperativo legal. ¡Tienes que ser pobre obligado! Ya hay una intencionalidad por parte del ejecutivo de que los medios que no sean mercantiles tienen que ser, obligatoriamente, desgraciados.

Por otro lado, está el problema de las licencias. Históricamente se han dado a los amigos y afines. El caso más elocuente es el paso de la televisión analógica a la digital. Hablo de cifras a ojo: donde había seis televisiones iban a haber 30. Parecía que estaba bien, se iba a multiplicar por cinco la pluralidad.

 ¿Cuál fue la realidad? Que a cada propietario de las seis televisiones se le iba a dar cinco más. Pasamos de seis a 30 pero con los mismos tipos. Los jueces lo vieron tan infames que lo acabaron anulando. En todo caso, no se buscaron otras 20 entidades para multiplicar por cinco la pluralidad.

– Un tema que siempre queda pendiente, legislatura tras legislatura, es el Estatuto del Periodista. ¿Qué elementos principales debería recoger este documento?


– Se elaboró ya uno, lo hizo IU hace unos 15 años´, con el gobierno de Zapatero. El gobierno socialista estaba por la labor, pero se murió en la comisión correspondiente y nunca se llevó a pleno. Se hizo, además, en colaboración con el Sindicato de Periodistas, una formación muy importante. 

Creo que el estatuto debe contemplar la estabilidad del periodista, no solo por una cuestión laboral como para cualquier otro trabajador, también para asegurarnos una verdadera información. Lo que decía el Sindicato de Periodistas es: “Nuestra precariedad es vuestra desinformación”.

Un ejemplo: cuando estos medios hablan de que no quieren legislaciones sobre el periodismo y la información, apelan a sus códigos deontológicos y éticos. Mi opinión es que el capitalismo solo aplica un código ético: lo que hagas le tiene que gustar a tu jefe para mañana volver a trabajar. Eso sirve para la cajera del Mercadona y para el periodista. Es mentira lo del código ético como un mecanismo para garantizar deontología en esta profesión. El trabajador periodista solo tiene que responder ante el gusto del jefe para que no le despidan.

Por tanto, si no se crean las condiciones laborales que garanticen la libertad, la autonomía y la independencia de un periodista, como es el ejemplo de la libertad de cátedra de un profesor público, no podremos tener la garantía de que haya pluralidad, profesionalidad e independencia en un medio de comunicación."                        (

27/1/19

Un niño de dos años ha caído en un pozo...

 "A la semana del accidente, el corresponsal de un medio holandés que estaba en Totalán cubriendo los trabajos de rescate de Julen contaba que esta noticia había desplazado en las televisiones de su país a las informaciones sobre el Brexit. 

Todos sabemos el impacto que tienen en la sociedad las noticias de interés humano y el caso Julen tiene muchos de esos elementos: tragedia, niño, cercanía, lucha contra el tiempo, incertidumbre del desenlace, movilización de recursos e infraestructura...

Según pasaban los días nos estábamos dando cuenta de que la tragedia de Julen tenía todos los ingredientes para explotar lo más miserable de los medios de comunicación. Unos medios que dejarían para un segundo plano las noticias racionales y de trascendencia pública para centrarse en la emocionalidad y la sentimentalidad del caso Julen.

Lo contaba ya Almudena Grandes el 21 de enero, "si en España no pasara nada más, no me quejaría. Pero en España pasan muchas cosas, aparte de Vox y de Cataluña. Por ejemplo, que el presidente del BBVA, Francisco González, pagara a un delincuente, el excomisario Villarejo, para que espiara y, llegado el caso, chantajeara o destruyera la reputación de una serie de personas que amenazaban su poder". El resultado, dice la escritora, es que los micrófonos persiguen más a los ingenieros y mineros del pozo que a los directivos de un banco que contratan a mafiosos.

El panorama resultaba desolador, mientras suceden cosas graves, las señoras viven en la zozobra por la vida de niño, los cuñaos desde los bares y en las redes dan lecciones de ingeniería y en los actos de los partidos se lanzan consignas a la familia gritando que ese partido está con ellos, como hizo el padre de Mari Luz, la niña de cinco años asesinada en 2008, y cuyo papel muchas voces han considerado despreciable y como menos de un protagonismo y un uso político desproporcionado

"Julen, desde el pozo tan oscuro donde estás metido, el PP y España entera está contigo", dijo en la convención del PP en la que defendía la presión permanente revisable.

En Totalán se apostaron decenas de periodistas; por cierto, atendidos por Protección Civil y alojados en casas de vecinos solidariamente, parece que la cobertura les salió barata a los medios. Periodistas en rebaño que solo pueden contar lo mismo y que se dedican a recoger testimonios obvios de vecinos cuando no a reproducir al unísono las declaraciones del portavoz oportuno de la Administración o de los ingenieros.

Puestos a tratar el asunto podían haber ido buscando dónde se encuentran  el millón de pozos ilegales, similares al que ha caído Julen, antes de que caiga otro niño, aunque eso tenga menos morbo que cuando hay un niño dentro.

Como desgraciadamente era de prever, el final resultó aposteósico para las televisiones. Telecinco modificó su parrilla televisiva, levantó "Pasapalabra" y "Volverte a ver" por un especial de Ana Rosa Quintana en la tarde del viernes y la mañana del sábado. Antena 3 y LaSexta colocaron una pequeña pantalla emitiendo imágenes en directo del rescate bajo el sensacionalista titular: "A 3 metros de Julen", lo que despertó numerosas críticas. No importa que tu quisieras saber lo que pasaba en Venezuela, el conflicto del los taxistas o simplemente desconectar con el concurso que emitiesen, Julen era omnipresente.

La periodista de RTVE Ana Ruiz Echauri no podía aguantar la náusea y así decía en un tuit: No hemos aprendido NADA de otras desgracias anteriores. Vamos sin freno hacia el asco infinito. ¿Hasta dónde vamos a llegar en lo morboso, "compañeros"?

El veterano periodista Arsenio Escolar  ponía el dedo en la llaga señalando que "mejor nos hubiera ido a todos como país si esta atención extrema al rescate de Julen la hubiéramos prestado en su día los medios al expolio de las cajas, los recortes del Estado del Bienestar, la corrupción de todos los colores, la burbuja inmobiliaria, la desigualdad extrema...".

El  Consejo Audiovisual de Andalucía ha anunciado que analizará el tratamiento mediático del 'caso Julen' en televisión ante una posible vulneración de derechos fundamentales de la familia. El Consejo reclamó a las televisiones que huyan del amarillismo y de la espectacularización de estos casos y recordaba la aprobación de diversas recomendaciones específicas sobre la aparición de menores en emisiones relativas a sucesos luctuosos o dramáticos, la Guía de buenas prácticas para el tratamiento informativo de las desapariciones, o la  Guía para el tratamiento de procesos judiciales en la que se incluye un apartado sobre los menores de edad.

La recomendación no solo llega tarde, sino que es inútil en la medida en que su capacidad de intervención se limita a eso, a una "recomendación".

Recurro de nuevo a las palabras de Almudena Grandes, la tragedia de Julen "es terrible, es atroz, causa un dolor infinito a sus padres, estremece a cualquiera que haya tenido hijos pequeños", pero abandonar la actualidad para dedicar tertulias, aperturas de informativos y decenas de periodistas a explotar la tensión de una espera no debería ser el objetivo del buen periodismo.

Esos mismos medios que reservan el calificativo de populismo en tono peyorativo para los políticos nos están mostrando que a populismo facilón no les gana nadie."               (Pascual Serrano, eldiario.es, 26/01/19)


"(...) Un niño de dos años ha caído en un pozo.

El domingo 13 de enero, a las cinco de la tarde, la Guardia Civil informa a los medios: "Hola a todos. Sobre las 14.00 horas se recibió un aviso del 112 que informaba de la caída de un menor de 2 años por un agujero en la zona del Dolmen del Cerro de la Corona, en el término de Totalán [Málaga]. 

Se trata de un orificio de prospección para buscar agua, de diámetro pequeño y de bastante profundidad. Está activado un dispositivo de rescate. Por parte de la Guardia Civil se ha activado el Equipo de Rescate e Intervención en Montaña entre otros efectivos".

 La tragedia ha sucedido otras veces. El pozo es un clásico de los terrores de la infancia. Como a todo lo que llamamos suceso es llamativo. Aunque también es llamativo, por ejemplo, el caso del niño de tres años que murió la noche de Fin de Año en Gijón, atragantado por una uva, y cuyo sudario de palabras duró un día. En la comunicación de la Guardia Civil hay una palabra clave: rescate.

Ayer, trece días después de la caída, cerca de la una y media de la madrugada, un par de mineros y un guardia civil sacaron al exterior el cadáver del niño. A lo largo de esos días los medios habían dedicado al asunto una atención que es difícil de describir. 

Destacaron la televisión y las webs noticiosas, es decir, los medios que podían tratar el asunto en directo y con imágenes. Basten dos ejemplos. El viernes 25 Antena 3 dedicó al caso los 40 minutos iniciales de su telediario. No había más noticia de la que cabe en el sintagma habitual: "Siguen los trabajos de rescate". El siguiente ejemplo es de la web de este diario donde te echo las cartas. Ayer a media tarde titulaban: "65 cm para llegar a Julen". 

 Y cuando ya los mineros estaban llegando: "Rescate de Julen: se plantean hacer más microvoladuras para llegar al niño sin causarle daños". Se observará en este titular que rescate ha completado su viaje de trece días. También la palabra daños. Y Julen, su nombre sin más. Las tres dan el rasgo clave de la gigantesca cobertura mediática de la tragedia: rescatando a un niño vivo. Escribo sin saber los resultados completos de la autopsia. 

Los forenses dirán de qué murió Julen. Pero cualquier alfabetizado conoce las dificultades de sobrevivir a una caída libre de 71 metros. 71 metros son 22 pisos. Hasta 25 si son bajos de techo.  

La improbabilidad de la supervivencia actuó desde el minuto uno, como dicen en el fútbol vigente. La notable profundidad del pozo se conoció de inmediato e incluso la Guardia Civil aludió a ella en su primer comunicado. Por lo demás, se calcula que un superhombre puede pasar cinco días sin beber. Y, sin embargo, hasta la madrugada del día 13, los medios se mantuvieron fieles a la ficción.

Dirán, ya los oigo, con su habitual melodía peripuesta y oh là là: había que respetar a la familia. (En realidad les he oído decir cosas asombrosas. Una, la más asombrosa: "Julen o la desgracia que nos hace buenos a todos". De lo que deduzco que tal vez fuera conveniente un sacrificio mensual, a lo tenochtitlánico. 

Y otro, que lo dice ahora, pero que da buenas razones inmobiliarias para el retraso: "No había esperanza de recuperar vivo a Julen transcurridas 48 horas, pero hubiera sido despiadado desahuciar su alma".) La del respeto será la peor de las mentiras: nada podía hacer más daño a esa familia que el batir mediático, hora tras hora, de una esperanza infundada. Ni una sola vez, como respondiendo a una conjura, los medios introdujeron en su discurso la expectativa más abrumadoramente razonable, que es que Julen estuviera muerto. 

Creo que en algunos lugares incluso estuvo explícitamente prohibido mencionarla. Prefirieron manejarse, no con un hecho, sino con una expectativa altamente contraria, es decir, que Julen viviera. La razón tiene poco que ver con la piedad. 

La piedad, mal entendida, es como mucho un efecto colateral. ¿Quién podría justificar horas y horas, y páginas y páginas, sobre el rescate de un cadáver? ¿Será necesario que me ponga a estimar ahora la diferencia que hay en términos de share entre Julen y el cuerpo de Julen? Tan solo hace un par de días, cuando el cuerpo del niño llevaba más de diez en el pozo, algunos empezaron a dar, tímidamente, alguna señal de vida inteligente: qué posibilidades hay de encontrar a Julen vivo, se preguntaban. Lo más formidable es que para contestarse incluso llamaron a los expertos.

La única expectativa razonable debía estar ausente del discurso mediático no solo por la bajada de audiencia que va de un vivo a un muerto. Era preciso seguir, además, las cláusulas del arte de hacer comedia. Ya advertía Lope sobre la cólera del español sentado y cómo podía estimularla la anticipación de las conclusiones: "Pero la solución no la permita/hasta que llegue a la postrera escena;/ porque en sabiendo el vulgo el fin que tiene,/ vuelve el rostro a la puerta, y las espaldas/ al que esperó tres horas cara a cara".

 Darlo por muerto, además, hubiese supuesto un derroche. Esta semana que viene se vivirán en inconmensurable directo las escenas del entierro y duelo del pequeño y las mejorará mucho que el cadáver se haya mantenido fresco.

Es indudable que en la tragedia del Cerro de la Corona han concurrido varias circunstancias que avivan el relato. Está el niño, naturalmente. Y está la recurrencia telúrica, origen de tantas pesadillas infantiles y de tantas sumisiones adultas ante la tiránica Madre Naturaleza, madrastra. Esto que explicaban con vehemencia titulares del tipo: "Ahora manda la montaña"

 Una vez establecida la estructura del serial, del folletín, por llamarlo con un género de raigambre periodística, las decoraciones aparecen indefectiblemente en función de las características singulares de cada suceso. En el caso de Julen, y aparte de las mencionadas, ha sido muy importante también la ingeniería. 

Cualquier relato de esta naturaleza ha de tener su pompa técnica. Sucede también en el noir y en el género de los juicios. Insertar en la trama complejidades especializadas agrada mucho a los bricoleurs de los hechos, que proliferan en las redes sociales, capaces de convertirse en ingenieros de minas en cuatro trastes de tuit

 Los detalles técnicos ennoblecen las motivaciones del espectador corriente, por más que no comprenda una sola palabra de lo que le están contando, y actúan de rellano de las lágrimas. Pero todo eso es secundario respecto a la serialización. Serializar un hecho real es la máxima aspiración del programador. Su potencia frente a la serialización convencional de la ficción es manifiesta. Aunque a veces haya que hacer decisivos retoques para que funcione. En este caso, convertir un cadáver en un niño.

Hay que subrayar, por último, lo más duro para este oficio. Más duro que detallar sus trampas, sus renuncias, sus fingimientos, su inmarcesible buena conciencia. La premisa absoluta del serial de Julen es que sea gratuito.

 Ante la montaña de letras e imágenes alzada estos días es impactante pensar que el periodismo, globalmente considerado, se ha convertido en uno de esos espectáculos, ciertamente masivos, a los que nadie asistiría de tener que pagar algo por ellos. O por no exagerar: al precio de un euro, all you can eat. (...)"              (Arcadi Espada, El Mundo, 27/01/19)