19/5/17

“Antes de las redes sociales no éramos tan conscientes de que había tanta gente con mierda en la cabeza”

"La semana pasada fue Pérez Reverte. Luego le tocó el turno a Dani Rovira, Jorge Cremades, Ignatius Farray… 

La relación de linchamientos digitales está necesariamente desactualizada, porque no hay día en el que algún comunicador (famoso o no, basta con que sea un tuitero de cierto renombre) reciba un varapalo en las redes sociales por parte de algún colectivo ofendido: patriotas, transexuales, feministas, taurinos, policías, veganos, antitaurinos… en función del motivo de la ofensa “cambia el perfil de los linchadores, pero el mecanismo es el mismo: un tuit ofendido, una ola de indignación y una exigencia de vetar o censurar al ofensor”, según me cuenta Juan Soto Ivars, escritor y columnista en El Confidencial (y efímero colaborador del Tentaciones por un malicioso acrónimo contra Cebrián) y autor del imprescindible ‘Arden las redes’, un libro que recorre el camino desde la censura franquista a lo que Ivars denomina “poscensura”, un fenómeno vinculado a las redes sociales que trata de acallar aquellas opiniones (o canciones o chistes) que resultan ofensivas para cualquier minoría de las arriba citadas.

Ivars me atiende por teléfono desde Barcelona, mientras ultima la presentación en Madrid de ‘Arden las redes’.

Destripar a la gente en las redes sociales se está convertido en un hábito.

La palabra “hábito” lo define muy bien, porque suena a monje o a fraile. Y es que la actitud de los que tienen este hábito es bastante monjil. Da la sensación de que hay quien mira la pantalla del ordenador por la mañana y busca algo con lo que escandalizarse.

¿Cuál suele ser la motivación del linchador?

Para escribir el libro he intentado hablar en cada caso con gente que ha participado en los linchamientos, y la mayor parte de la gente ni siquiera era muy consciente de lo que estaba haciendo.

¿Jóvenes, mayores, hombres, mujeres? ¿Hay un perfil claro?

Cada linchamiento es un mundo. Los linchamientos de tema machista los suele empezar gente muy joven, pero en casos de temas patrióticos o religiosos suele ser gente mayor.

¿Hay algún caso en el que hayas sentido que los censores tenían razón, que hay ciertas cosas que no se deben decir?

No. Yo estoy a favor de que salga a la calle el autobús de HazteOír, por más que me parezca repugnante su mensaje transfóbico, o una columna racista de Sostres. Veo con repugnancia el machismo, la homofobia y el racismo, pero por una cuestión práctica creo que es mejor que se pueda expresar para que no nos suceda lo mismo que a los americanos, que después de treinta años de corrupción política institucionalizada -sin que haya un solo mensaje machista o racista que llegue a los medios-, la aparición de Trump les haya aparecido algo episódico.

En tu libro diseccionas uno de los primeros linchamientos virtuales, el que sufrió el director Nacho Vigalondo por un tuit desafortunado. ¿Por qué los censores tienen tanta fijación con los humoristas y tan poco sentido del humor?

El humor es el canario que meten en la mina: es el primero que muere cuando hay una fuga de gas. El humor siempre ha sido la primera víctima de la censura en todos los regímenes. Lo que a mí me fastidia especialmente es que gente con la que suelo a estar de acuerdo, como las feministas, es que el humor de, por ejemplo, Jorge Cremades esté alentando actitudes machistas por el hecho de ser sexista. Ese es el mismo argumento que usan los beatos católicos cuando dicen que un chiste sobre la Iglesia está alentando el odio a los católicos.

¿Y no es así?

Es mentira. Para sustentar esta idea se utiliza el ejemplo de los chistes sobre judíos que se hacían durante la Alemania nazi, pero este ejemplo no sirve porque, como explica Klemperer en ‘La lengua del Tercer Reich’, los nazis estaban en el poder y un régimen dispone de herramientas de sobra para oprimir y eliminar a los judíos.

Por tanto, ¿deberíamos tolerar los chistes racistas?

Creo que los chistes racistas son una manera de naturalizar las tensiones entre gentes de distintas razas que hay en una sociedad. Por ejemplo, Ignatius Farray hace muchas bromas racistas con negros del público en ‘La vida moderna’ y realmente es una forma de disipar una tensión. La incorrección polícia bien usada es una forma de acercarnos y no de alejarnos de los demás.

¿Incluyendo los discursos negacionistas?

No creo que el argumento débil contra el fuerte deba ganar siempre porque ahí está el fanatismo y la fe, pero tampoco creo que la solución esté en prohibir. En el caso de los negacionistas nazis, la censura les da una pátina de rebeldía que conduce a esa especie de validez loca que tienen también los fanáticos de la conspiración: si crees que las Torres Gemelas las tiraron los judíos y encima no te dejan decirlo, será la confirmación de que estás en lo cierto.

Y además te retroalimentas con las ideas de otros que creen tus mismas locuras.

Antes de las redes sociales no éramos tan conscientes de que había tanta gente con mierda en la cabeza. Las redes sociales nos han dado la máxima libertad de expresión, y el taxista que antes te hablaba 20 minutos ahora tiene un blog o 40.000 seguidores en Twitter.

Pero las redes sociales también sirven para la movilización. Ahí está el 15-M, que no hubiera sido posible sin internet.

En las redes sociales, la palabra se confunde con la acción. A través de las redes sociales no podemos hacer nada cuando nos enteramos de que el PP es corrupto desde los bajos hasta el sexto piso, pero sí podemos hacer algo cuando Sostres suelta una burrada machista, por ejemplo recoger firmas para que le echen. 

Por eso creo que las redes sociales son tan peligrosas para la liberad de expresión y tan poco peligrosas para la corrupción. Las redes sociales no pueden llevar a la cárcel a Rodrigo Rato pero sí al paro a un columnista porque ha caído mal a un grupo. Y de hecho, ya ha ocurrido dos veces.

¿Existe una relación entre la corrección política y la elección de Trump?

Definitivamente: el sueño de la corrección política produce monstruos como Trump. Basta con que un millonario hable como habla la gente normal en EEUU para que las mentiras que cuenta sean tomadas por verdades por los votantes, simplemente porque su forma de hablar es más auténtica. Trump se expresa como la gente de la calle.

¿Trump utilizó la incorrección política como arma electoral?

Trump para mí es imposible sin corrección política. Los demócratas estaban convencidos de que después de las declaraciones machistas de Trump ninguna mujer iba a votar a Trump, pero resulta que el 53% de las mujeres blancas le votaron. 

¿Por qué? Porque esas mujeres entienden que el hecho de que Trump se exprese como un absoluto misógino no quiere decir necesariamente que vaya a comportarse como tal. De hecho, sus maridos y los amigos de sus maridos se expresan así.

¿Crees que la censura puede ser contraproducente?

El maquillaje léxico, el eufemismo no funciona porque el racista no tiene ningún deseo de dejar de ser racista. Por tanto, si desde arriba le imponemos que deje de expresarse como si fuera racista, él va a seguir siéndolo, y va a educar a sus hijos para que sean racistas, independientemente de lo que digan los medios o la escuela. Por eso desconfío de cualquier medida de censura para gente que, desde mi punto de vista, piensa de una manera abominable. Al contrario de los defensores de la corrección política yo no creo que desde arriba a abajo se pueda cambiar un sentimiento tan arraigado como la xenofobia.

Eso delata que las sociedades se han partido y hay distintos sistemas morales. Esto se explica muy bien como un ejemplo: imagínate que haces un chiste contra la Iglesia y los católicos empiezan a acusarte de blasfemo. Como buen ateo, a ti la acusación de blasfemo no te importa, incluso puedes estar orgulloso. Esto es lo que mismo que le pasa a un votante de ultraderecha si le llamas racista o machista.

Quién nos hubiera dicho que 20 años después íbamos a sufrir una versión mutada de la corrección política gracias a las redes sociales…

A veces crees que en las redes sociales estás haciendo una crítica pero en realidad estás participando en una quema de brujas. Por otro lado, las redes sociales son políticamente correctas. Facebook no exhibe pezones de mujer porque eso es políticamente correcto y su intención es que pasemos el máximo tiempo posible en su red, y para eso la experiencia debe ser “agradable”, como dicen ellos. La corrección política es exactamente eso: el mundo está lleno de racistas y machistas pero la corrección política es el arma que tenemos para no oírlos… pero van a seguir ahí.

Están, pero no los vemos ni los oímos.

Esto tiene que ver con la aldeización de la sociedad, el efecto burbuja que estudia Pariser, en las redes sociales acabas viendo sólo a gente que piensa como tú. Mediante sus algoritmos Facebook tiende a enseñarte menos cosas con las que sabe que no estás de acuerdo. En consecuencia, piensas que todo el mundo piensa como tú y acabas convirtiéndote en un fanático radical.

Y ahí entra el llamado “sesgo de confirmación”, del no solemos ser conscientes.

Con respecto al sesgo de confirmación fue muy interesante ver la reacción de mis amigos que habían votado a Unidos Podemos y que están todo el día en Twitter y Facebook, y se niegan a leer ningún periódico que no sea El Diario o Público, y cuando el partido perdió un millón de votos respecto a lo que decían las encuestas creyeron que había habido un pucherazo. 

No les cabía en la cabeza porque todo el mundo iba a votar a Podemos. Cuando ya no te fías ni del sistema democrático dudo que eso lleve a algo bueno: no lleva a la revolución, sino a la frustración y a la radicalización.

El censor siempre cree que la sociedad es infantil y manipulable”.

El censor siempre ha pensado igual. Antes eran unos funcionarios que trabajaban para Franco y ahora hay censores de todas las ideologías y muy activos, pero en esencia no han cambiado: el censor siempre cree que la sociedad es infantil y manipulable. Ese es el primer punto de la mentalidad censora: creer que todos los que no son tú son manipulables. 

El segundo es pensar que hay ideas que van a hacer peor la sociedad porque van a contagiarse entre todos esos imbéciles que no son tú. Y el tercero es estar vigilante. Con esos tres puntos tenemos tanto un censor franquista como a una persona muy concienciada contra el machismo que se dedica a montar cacerías contra Jorge Cremades.

¿Si silenciamos a Cremades se acabó el machismo?

Una persona adulta piensa: “Puedo escuchar una locura sin volverme loco. Puedo escuchar un chiste racista sin volverme racista”. Al censor le pasa lo mismo: no se ha vuelto machista por ver los vídeos de Cremades. A él no le afecta, pero cree que a los demás sí. Esto es válido para todo: si yo soy ateo no creo que me vayan a volver católico las misas en La 2. No me afectan.

¿Resulta coherente defender a los titiriteros un día y exigir la retirada del autobús de Hazte Oír al día siguiente?

Lo realmente peligroso no es la corrección política sino sus repercusiones en la guerra cultural, cuando hay dos correcciones políticas opuestas e intentan tener hegemonía la una sobre la otra. ¿Cómo conocimos la existencia del autobús de Hazte Oír? ¿Acaso pasó por delante de nuestra casa o porque un montón de gente indignada por su existencia? No. Fueron los censores los que al final sirvieron en bandeja la notoriedad del autobús. Sin ellos, la campaña de Hazte Oír hubiera sido un fracaso.

¿Qué papel juega el miedo a la disensión en la poscensura?

Se confunde la palabra con la acción todo el rato. ¿Qué quiere decir una “agresión” en la red, qué te insulten? Puede ser desagradable, pero no es una agresión. Lo que sí sucede con los insultos en la red es que la gente empieza a tener miedo de decir ciertas cosas, pero no porque me van a insultar los otros, sino porque me van a insultar los míos. A mí es eso lo que realmente me preocupa.

¿La poscensura es entonces una forma de autocensura?

La poscensura funciona así: gente que tiene una ideología pero puede que no esté al 100% de acuerdo con ella acaba no expresando sus puntos de disconformidad por miedo a que los suyos le llamen traidor. Mucha gente no se atreve a cuestionar ciertos dogmas porque la presión puede ser insufrible. Ahí es donde está el peligro, que nos volvemos monolíticos.

También hablas en el libro de la confusión entre realidad y ficción, como sucedió en el caso Migoya, con ‘Todas putas’.

Sí, el caso de Frisas y el de Migoya son exactamente iguales. El pensamiento políticamente correcto es antiliterario. La literatura y la corrección política son antagónicos, porque la literatura, en primer lugar tiene un contexto de época y se busca la verosimilitud. Migoya escribió el relato en primera persona de un violador que no se arrepiente de lo que hace. 

Yo al leer ese relato sentía asco por el personaje. En la ficción necesitamos buenos asesinos, buenos machistas… buenos antihéroes. Necesitamos esos personajes, pero no porque nos vayan a convencer de que vayamos follándonos tías sin su consentimiento, sino porque nos ayudan a afianzar precisamente nuestro sistema moral.

Los aparatos censores presumen de haber adivinado las intenciones ocultas de sus víctimas” (‘Arden las redes’, p. 49).

Los políticamente correctos no se enteran de esto. Te dirán que ese relato no se debería haber escrito porque, en el fondo, quien lo ha escrito está justificando las violaciones. El censor siempre está seguro que conoce las motivaciones secretas de las personas, es un experto leedor de mentes que en realidad no se entera de nada y habla desde sus prejuicios.

 Por eso siempre es imposible defenderse de un censor. Cuando Cremades se disculpó en Twitter dijo que su intención fue no hacer daño pero la reacción fue “borra todos tus vídeos porque sabemos cuál es tu verdadera intención”. Por eso en las redes sociales, la acusación y la condena son sinónimos.

¿Estamos ante una Policía del Pensamiento orwelliana en versión descentralizada?

Por eso le llamo “poscensura”, porque la censura es vertical. Muchos poscensores dicen “yo no censuro nada, sólo doy mi opinión”. Obvio: para censurar necesitas una estructura estatal, pero la censura es que entre todos -izquierdistas en colaboración con católicos fanáticos- van achicando lo que se puede y no se puede decir. Esto se ha visto ahora con Podemos y su propuesta de “ley mordaza”.

¿Cuál es el papel de los medios en estos linchamientos virtuales?

Un motivo es sumar clics, claro, pero me parece mucho más grave el seguidismo. Creo que es un error colosal por parte de los medios no conservar su agenda. Los periodistas están mejor informados que el resto de la gente. El periodista debe tener una visión panóptica y cuando se limita a reflejar los comportamientos de los medios sociales está traicionando el principio moral del periodismo que es informar a la ciudadanía de lo que está pasando.

Por otra parte, se está dando un peso demencial a las redes sociales. En el reciente caso de Daniel Rovira en su linchamiento estaban participando tres o cuatro mil personas. ¿Arden las redes? ¿Por qué los medios legitiman esos insultos? Deberían ignorarlos.

La gente desconfía -muchas veces con razón- de lo que lee en los medios.

Cualquier sistema de corrección política queda automáticamente desactivado con la crisis de credibilidad que tienen los medios después de la debacle de 2008, cuando no vieron ver la crisis que venía.

 Esto explica que el mensaje de Trump haya calado mucho más que el de Hillary, teniendo aquel muchos menos medios (de comunicación) a su favor. Ahí es donde se ponen a hablar de posverdad: Hillary dice la verdad más que Trump pero lo hace a través de unos medios que no gozan de credibilidad por parte de la opinión pública.

Parece que la ofensa ha alcanzado el estatus de blasfemia.

Es que es exactamente lo mismo. Y es que la gente ha convertido su manera particular de pensar en una religión, no se replantea sus dogmas. Blasfemia significa ofender a Dios. Bien, nadie ha preguntado a Dios si está ofendido. A quien estás ofendiendo es a la gente religiosa, que se considera portadora de la palabra de Dios. Para las ideologías modernas no se llama blasfemia sino ofensa pero cuando el titular de un medio dice “El chiste que ha ofendido a todos los andaluces” lo que de verdad está diciendo es “¡Andaluces, ofendéos!”.                   (Entrevista a Juan Soto Ibars, Público, Strambotic, 17/05/17)

16/5/17

“Muchos periodistas están siendo callados mediante legislación antiterrorista”

"La censura que los medios de muchos países siguen sufriendo en pleno siglo XXI fue uno de los temas que más minutos ocupó durante los seminarios del Festival Internacional de Periodismo de Perugia, celebrado el pasado mes de abril.

Rachael Jolley es editora de la revista Index on Censorship (IOC), publicada por la plataforma del mismo nombre. IOC es una red de colaboración internacional para la defensa de la libertad de expresión que publica trabajos censurados de periodistas y artistas, promueve el debate y registra amenazas para la libertad de expresión a nivel global.  (...)

¿Cómo surgió IOC? 

IOC se estableció en 1972 porque una serie de escritores se pusieron en contacto con otros autores residentes en Londres para pedirles ayuda, porque en sus países no les dejaban publicar. Entonces, estos poetas y escritores se unieron y crearon IOC como una revista donde publicar este tipo de trabajo considerado ‘sensible’.   (...)

¿Cómo ha evolucionado la censura desde que se fundó Index on Censorship?

A veces pensamos que la censura sólo tiene una forma, que se practica desde el gobierno, pero la realidad es que ha ido adoptando muchas formas distintas. 

Por ejemplo, está la censura corporativa por parte de empresas, también censura social, por ejemplo hacia artistas que hacen un trabajo controvertido y no encuentran galerías para exponerlo, lo mismo con obras de teatro que tocan temas tabú, como puede ser la religión. 

Por eso desde Index on Censorship apoyamos todo tipo de libertad de expresión, desde artistas hasta periodistas.También a ciudadanos anónimos, como estamos haciendo en China con los derechos de expresión del colectivo LGTB. 

¿Se reúnen con gobiernos o instituciones públicas regularmente? 

Sí, tenemos reuniones de cuando en cuando con instituciones y, sobre todo, organizamos conferencias y seminarios que sirven para hacer llegar estas realidades a los cuerpos gubernamentales. Es un proceso muy largo conseguir que un gobierno escuche lo que estás denunciando y realice cambios al respecto.

Por ejemplo, ahora nos gustaría que se tomaran más medidas contra la represión y la censura en Turquía. Pero es complicado políticamente, por el acuerdo entre la Unión Europea y Turquía respecto a la migración.

 Parece que las manos de la Unión Europea están atadas en este sentido. No quieren ‘hacer enfadar’ a Turquía, porque interesa que el acuerdo siga adelante. De todas formas, algunos gobiernos ya han criticado lo que pasa en el país, así que tenemos que seguir recogiendo pruebas y abogando por un cambio.

¿Han sido contactados directamente por algún gobierno en relación con sus investigaciones?

IOC ha molestado a muchos gobiernos a lo largo de los años, pero esa es precisamente nuestra intención. En las protestas a las puertas de la Embajada de Azerbaiyán en Londres, la Policía intentó que nos moviésemos de esa zona, por orden directa de la embajada. No les gusta que protestes y les dejes en evidencia en la puerta de su casa. 

Desafortunadamente para ellos, la ley permite las manifestaciones en la vía pública, así que no nos movimos del sitio. También hemos recibido una carta de la misma embajada, reprendiendo nuestra cobertura del juicio contra el defensor de los derechos humanos Rasul Jafarov

Recientemente, alguien de la Embajada de México habló con un miembro de nuestra junta sobre nuestra cobertura de las muertes de periodistas en el país. Obviamente, no les gustaba nuestra investigación sobre el asunto. Pero es importante que el mundo conozca estas muertes terroríficas de periodistas mexicanos, y cómo se están utilizando para silenciar a la prensa.  (...)

¿Qué tipos de censura se practican en Europa en la actualidad?

En Europa destaca últimamente la reacción de los gobiernos tras sufrir ataques terroristas en su territorio. La tensión y el miedo hacen que la reacción primera de los gobiernos sea no permitir que se publiquen ciertas cosas, y se introducen leyes más restrictivas. El terrorismo se está utilizando, de alguna manera, contra los periodistas que generan intranquilidad a los gobiernos. 

Por ejemplo, están aumentando los casos de acusación por enaltecimiento del terrorismo. Muchos periodistas están siendo callados mediante legislación antiterrorista, porque se les acusa de ensalzar el terrorismo, o de publicar información antipatriótica. Hay una tendencia clara en esta dirección, y es algo que nos preocupa mucho en IOC. Esto, además, hace que otros periodistas, al tener miedo de ser acusados, decidan no escribir sobre ciertos temas.

En Italia, por ejemplo, se está utilizando la legislación sobre difamaciones contra los periodistas constantemente. Si otros periodistas se contagian de miedo, trabajan bajo mucha presión y finalmente pueden decidir no escribir sobre asuntos controvertidos.

Las nuevas tecnologías también juegan un papel determinante a la hora de ejercer la censura. Por ejemplo, ciertos gobiernos que las utilizan para acceder al correo electrónico privado de los ciudadanos. 

En Reino Unido se está discutiendo la posibilidad de que se pueda acceder a las conversaciones encriptadas de WhatsApp cuando lo crean conveniente, lo que supondría al final que nadie confiase más en la aplicación como medio de comunicación privado. 

Esto demuestra que la censura y la represión no están desapareciendo, sino cambiando y adaptándose a nuevas formas y a las nuevas tecnologías. 

¿Considera la influencia de la publicidad una forma de censura autoimpuesta en algunos medios tradicionales?

La tensión entre los anunciantes y los periodistas es ‘saludable’, porque, nos guste o no, son los que financian el periodismo. Los medios siempre van a enfrentarse a la presión comercial, esta realidad no creo que cambie. Lo importante es que haya un equilibrio. 

Hay que ser consciente de que el periodismo necesita también de un modelo financiero que lo sostenga. Deberíamos tener miedo de que la publicidad desapareciese como medio de financiación. Si nadie está dispuesto a pagar por el periodismo, ¿cómo vamos a sobrevivir? 

Me preocupa más la injerencia de los gobiernos. En países como Polonia o Hungría, los gobiernos están cada vez más involucrados en los medios de comunicación. En Polonia, por ejemplo, sólo están quedando medios afines al gobierno, mientras que los independientes están desapareciendo. También existen restricciones al número de periodistas que pueden acceder al Parlamento, por ejemplo.
En Europa del este sucede esto desde hace tiempo, al igual que en Latinoamérica.

Pensemos también en la prohibición de Trump de que ciertos medios como BBC, The New York Times, CNN y Politico estuvieran presentes en sus ruedas de prensa. Es fácil observar cómo las mismas técnicas de represión y censura se replican alrededor del mundo. 

¿Qué opina sobre la situación de España en cuanto a libertad de expresión?

España está en una situación muy preocupante. Me sorprendió mucho tanto la condena a Cassandra como el caso de los titiriteros del año pasado.* Parece que España ha perdido su sentido del humor. Es muy raro que esto ocurra en una democracia moderna, que haya problemas con marionetas que siempre han sido algo satírico e incisivo, pero esto no debería crear este tipo de controversias y procesos judiciales. 

En cuanto al caso de Cassandra Vera, condenar a prisión a alguien por un chiste de algo que pasó hace años no es una respuesta adecuada. ¿Están intentando reescribir la Historia? ¿No quieren que la gente conozca el pasado del país? Las bromas son parte de la libertad que tenemos en una democracia. ¿Cuál es el sentido de restringir y penar este tipo de declaraciones?

La combinación de estos dos casos [Cassandra Vera y los titiriteros] hace que la gente se cuestione ¿qué problema hay en el Gobierno español? 

El verdadero peligro está en que esto genera una especie de autocensura, porque otros artistas pueden evitar expresarse sobre ciertos temas por miedo a represalias. Esta es una atmósfera muy preocupante, se crean tabús que antes no existían.

[Días después de la realización de la entrevista, tres activistas fueron imputadas en Sevilla por un “delito contra los sentimientos religiosos”, por participar en la procesión de la «Hermandad del Sagrado Coño Insumiso a la Explotación y la Precariedad». Rachael Jolley nos comentó: “¿Qué está pasando en España? Parece que la libertad de expresión está retrocediendo a pasos agigantados”].

¿Qué papel juegan las redes sociales en la defensa de la libertad de expresión?

La visión ‘original’ de las redes sociales sostenía que serían beneficiosas para abrir la comunicación de ideas de manera global, y es cierto que lo han hecho… Pero también han facilitado que, por ejemplo, los servicios de seguridad o agencias de inteligencia rastreen a periodistas y artistas.

Recientemente, algunos gobiernos han creado campañas en redes sociales para minar la reputación de ciertos periodistas que han publicado historias que dejen en evidencia al gobierno o a ciertas organizaciones. Este aspecto negativo de las redes sociales no se predijo cuando éstas comenzaron a usarse.

Se está hablando mucho de las llamadas fake news, o noticias falsas, que están llenando las redes sociales de desinformación. ¿Cómo podemos compaginar la libertad de expresión con un buen periodismo libre de este tipo de noticias?

El término fake news en realidad no significa nada en concreto, porque cubre un amplio espectro de significados. Simplemente, cuando a los políticos no les gusta una noticia, la llaman así. Como si quisieran decir “no me interesa lo que digas o publiques.”

Es cierto que hay cada vez más gente creando historias que no son verdad. Nosotros, como receptores de la información, tenemos que ser más escépticos con lo que leemos. Es nuestra propia responsabilidad tener un filtro y saber lo que podemos creer y lo que no, discernir lo que es creíble. Las escuelas deberían enseñar a analizar la información que recibimos, a ser más inquisitivos como individuos. Pensar más antes de compartir noticias.

También se están generando nuevas técnicas de propaganda, hay un uso más ‘inteligente’, por ejemplo en campañas electorales. 

Tenemos también que cuestionarnos cómo encajan las leyes actuales en esta nueva realidad basada en los algoritmos. Quizá las leyes que tenemos no son lo suficientemente sofisticadas. Se están utilizando algoritmos en redes sociales para dirigir noticias contra individuos específicos. Puede que la legislación no esté adaptada al momento que vivimos como sociedad. 

En la cultura de las noticias 24 horas todo se quiere muy rápido, es más fácil atrapar a la gente. Antes se dedicaba más tiempo a pensar en qué ángulo darle a una pieza, cómo desarrollarla… 

En países como Turquía, muchos periodistas han tenido que exiliarse ante la imposibilidad de hacer un periodismo de investigación de calidad. Esto está generando que los medios controlados por el poder sean mayoría. Lo mismo sucede con artistas que no pueden publicar sus obras en su país. ¿Se puede considerar esto una victoria de la censura?

Ni el país más represivo del mundo puede matar la sátira. Si los gobiernos creen que pueden silenciar a una nación actuando contra, por ejemplo, unos cómicos, como en el caso de España, están muy equivocados. La sátira siempre busca nuevas formas de sobrevivir.

Si miras hacia atrás en la Historia, ves cómo los artistas simplemente se vuelven más inteligentes y encuentran nuevas formas de hablar de temas controvertidos de una manera indirecta. Es muy claro en las obras de teatro de Broadway, por ejemplo.

Además, un gobierno que trata de parar a un cómico, lo que consigue es atraer el foco de atención hacia esa noticia y lo más probable es que consigan el efecto contrario al deseado: dar más publicidad al artista, empeorar la imagen del gobierno entre la población, generar más sátira.

Consiguen atención internacional y magnifican lo ocurrido, porque la noticia se reproduce en todo el mundo. 

En este contexto, ¿qué futuro le augura al periodismo independiente?

Tenemos que ser realistas, pero también mantener una actitud positiva.Se está observando un aumento en el número de lectores de periódicos a nivel global. El periodismo de investigación, libre e independiente está cada vez mejor valorado y es más demandado. 

Por ejemplo, la revista de investigación británica Private Eye ha tenido recientemente el mes con mayor ventas de su historia. Hay señales de que el público quiere apoyar un mundo con libertad de acceso a la información y comprometerse con el periodismo de calidad. 

*En su edición de abril, la revista de Index on Censorship publicó una entrevista con Alfonso Lázaro de la Fuente, uno de los titiriteros arrestados en 2016 por enaltecimiento del terrorismo. Se puede consultar aquí. "                       (Entrevista a RACHAEL JOLLEY / EDITORA DE INDEX ON CENSORSHIP, Silvia Nortes, CTXT, 10/05/17)

2/5/17

El País... de Cebrián manipula así la moción de censura contra Rajoy que planea presentar Podemos


La moción de censura anunciada este jueves por Unidos Podemos al Gobierno de Rajoy sacudió la vida política española. La formación liderada por Iglesias defendió su iniciativa para “conseguir una alternativa” y superar “el estado de excepción que vive España”

PSOE y Ciudadanos anunciaron su “no” y acusaron a Podemos de actuar de “mala fe” y con una total “falta de respeto”. El PP, por su parte, calificó la moción de “circo” y sacó a relucir el fantasma de Venezuela.

Hoy en la prensa, la noticia protagoniza la mayor parte de las portadas, cada una ofreciendo su visión de los hechos. Pero una ha llamado especialmente la atención, la de ‘El País’.

“PSOE y Ciudadanos responden unidos a la corrupción del PP”, titula el diario de Prisa.
La curiosa portada ha llamado la atención en las redes, donde muchos la han calificado de “chiste”.

  Anacleto Panceto @Xuxipc
 
El País cada vez tiene menos lectores, no alcanzo a comprender La Razón.

 pérez de albéniz @descodificador
 
Un día, hace tiempo, fue un gran periódico. Hoy insulta la inteligencia de sus lectores... pic.twitter.com/bxJf4MBWiV

La Merkel @GobernoAlem
 
Mil gracias a PSOE y Ciudadanos por seguir dejandonos que sigamos a lo nuestro.

  Rakel D @rakeld12341234
 
Madre mía El País, y a esto lo llaman periodismo!!!En el resto del mundo se llama manipulación Cebrián!!
 Antonio Maestre @AntonioMaestre
 
La portada de El País deja a las claras que la moción de censura es un acierto. La esconde y cierra filas con el tripartito

 Aligi Molina @AligiMolina
 
Hola @el_pais, os he arreglado la portada de hoy para ajustarla mejor a la realidad. De nada.

 Juan Miguel Garrido @Juanmi_News
 
La portada de hoy de @el_pais será digna de estudio en las Facultades de Periodismo como ejemplo de insulto a la profesión.

(Tremending topic)

25/4/17

Marhuenda y Casals se jactaban de "inventar" noticias para "dar leches" a Cifuentes

 "YA NOS HEMOS INVENTADO UNA COSA PARA DARLE UNA LECHE Y QUE TOME NOTA" LA "ZORRA" CIFUENTES

Otra de las conversaciones expuestas en la investigación es el momento en el que Rodríguez Sobrino llama a Casals para mostrar su malestar porque en 'La Razón' se publicó una noticia positiva sobre el número dos de Cifuentes, Ángel Garrido. 

Marhuenda tuvo que disculparse: "Siento lo de Garrido, ya he dicho que no salga nada bueno de él. Ya nos hemos inventado una cosa para darle una leche y que tome nota. Le he dicho: ‘tu misma, llevas ahí mucho tiempo en el Gobierno. Ahora la gente asocia el Canal a vosotros, punto, e Ignacio González es PP. Tú misma".

Tal y como añade 'El Confidencial', en las grabaciones Marhuenda se refiere a Cifuentes llamándola "zorra" y también utiliza esta misma misma palabra y el término "puta" para hablar de la directora de Comunicación de la presidenta madrileña, Marisa González."        (La Voz Libre)


"La presidenta madrileña ha negado que la presionaran para no denunciar las irregularidades en el Canal de Isabel II. El juez archiva la causa contra Marhuenda y Casals por coaccionar a Cifuentes.

 (...) Según el auto del magistrado, Cifuentes manifestó en su declaración por escrito que “no se sintió” coaccionada y que “en ningún caso lo habrían conseguido”, al tiempo que aseguró que no denunció las actividades de Edmundo Rodríguez Sobrino en el Canal de Isabel II “por la actuación de Marhuenda y Casals”.

Además, Velasco señala que los directivos de La Razón dieron una “versión verosímil de lo que parecía más agravado en las intervenciones telefónicas” y que de las pruebas aportadas por Marhuenda se entiende que el periódico “no hizo una campaña especial o muy distinta” contra el Gobierno de Cifuentes.

El juez acordó la imputación de los dos directivos a raíz de conversaciones pinchadas con Rodríguez Sobrino, en prisión incondicional por el caso Lezo, donde le aseguraron que las irregularidades de la compañía del agua no saldrían a la luz.

Según el juez, estas son en cambio las palabras de “dos amigos que tratan, mediante mentiras piadosas y paliativas”, de tranquilizar a Rodríguez sobre su implicación, tal y como este último ratificó cuando dijo al magistrado que lo único que pretendían era “ayudarle emocionalmente”.        (República.com, 25/04/17)
 

Marhuenda ha ido a declarar a la Audiencia Nacional por utilizar los medios de comunicación para defender los privilegios de una clase a la que él aspira a pertenecer pero que ahora solo le tiene contratado para servirla

"En una ocasión escuché a Francisco Marhuenda decir que él no se tomaba vacaciones de las tertulias porque tenía que defender la posición de sus jefes.

 Las grabaciones de la Policía sobre las que se sustenta su imputación por coacción solo vienen a refrendar algo que él ya ha demostrado en multitud de ocasiones con su periódico: no importa dirimir si cometió delito para saber que ha quedado invalidado para ejercer como periodista, si alguna vez lo hizo.

 Su labor no es hacer periodismo sino defender la posición de los que le pusieron al mando del diario. Defender a los de su clase. Aunque para ellos él solo sea una pieza a intercambiar en caso de problemas. 

El periodismo está lleno de representantes de la clase dominante que tienen como único objetivo perpetuar los privilegios de los suyos frente a los trabajadores. Las grabaciones del director de La Razón son solo una prueba más de algo plenamente conocido. 

Las élites, el establishment, la casta, la trama, la burguesía, los de arriba, son diferentes formas de denominar a aquellos que en la guerra de clases están apalizando a la clase obrera. 

“Le hemos dicho que eres un soldado nuestro, que eres intocable para nosotros y ella por las malas tiene mucho que perder. En una guerra no puede ganar”, decía Marhuenda a Edmundo Rodríguez Sobrino, consejero delegado de La Razón, y que ahora duerme en la cárcel. Ese lenguaje bélico no es casual en privado, pero es algo que negará en público. 

Que la lucha de clases es un invento de los izquierdistas trasnochados suele ser su manera de plantear en sus innumerables participaciones en televisión que eso ya no existe para que los de su clase sigan lucrándose a costa del esfuerzo de los trabajadores.

La guerra de clases se juega de manera indispensable en el plano mediático. Por eso Marhuenda está siempre en televisión, radio y papel defendiendo la posición de sus jefes. Porque además le tienen bien enseñado. 

“Yo le he dicho (a Marhuenda) que su continuidad depende de esto”, decía Mauricio Casals, presidente de La Razón y consejero de Atresmedia, a Rodríguez Sobrino. Establecer relatos que pongan en tela de juicio los discursos de propagandistas que fingen ser periodistas es imprescindible. Y hacerlo en su campo de batalla.

 La presencia en los medios de los soldados que defienden los privilegios de la clase dominante no faltará. Nunca falta. Es imprescindible aumentar la representatividad en los medios de comunicación de gente honesta, de profesionales que hagan su trabajo, de representantes de la clase obrera, de mujeres, de migrantes. Solo una mayor presencia en el campo de batalla mediático propiciará poner en cuestión el relato interesado de los que miran desde arriba a los que sufren.

Francisco Marhuenda ha ido a declarar a la Audiencia Nacional por hacer algo que todos sabíamos, utilizar los medios de comunicación para defender los privilegios de una clase a la que él aspira a pertenecer pero que ahora solo le tiene contratado para servirla. Los periodistas somos los principales responsables de que estos modos de actuación no tengan una mayor sanción social. 

La Asociación de la Prensa de Madrid (APM), que montó una campaña contra el partido político que con mayor intensidad cuestiona el dominio de las élites, mantiene un prudente silencio al ver cómo unos pocos se sirven de la profesión para sus negocios y cometidos.

La APM eligió en el año 2013 a Ignacio González como anfitrión para los premios de periodismo que cada temporada otorga. En aquel año ya se conocía el uso fraudulento de Telemadrid por parte del PP que él y Aguirre llevaron a cabo y que culminaría con el despido de 800 trabajadores. 
En aquel año ya se conocía la demanda que había realizado contra Pilar Velasco, de la Cadena SER por la publicación de la información sobre las bolsas de basura en Colombia. En aquel año ya se conocía la demanda que había interpuesto contra Ignacio Escolar por informaciones sobre el campo de golf del Canal de Isabel II. Quien no respeta su profesión no puede exigir respeto para los que la ejercen."               (Antonio Maestre, La Marea, 22/04/17)

9/3/17

¿Qué militantes de Podemos han acosado a unos periodistas? ¿Qué les han hecho o les han dicho? ¿Cuándo? ¿Cuántas veces? Una información que no respondiera a esas preguntas jamás se habría publicado en un medio de comunicación normal

"(...)  En estos días se me hace especialmente duro ser veterano. 

Escucho y veo a personas que me resultan muy conocidas rasgarse las vestiduras ante la “intolerable presión” que Podemos ejerce sobre nuestra profesión. Yo soy el primero que he denunciado públicamente, en esta misma tribuna, los excesos cometidos contra periodistas por algunos dirigentes de la formación morada.

La horda de troles que cayó sobre mí ese día no hizo sino confirmar mis palabras. En ese artículo está todo y no voy a perder una sola línea en repetir datos y argumentos que mantengo, punto por punto. Ahora bien, que esas burdas presiones se hayan convertido en la gran amenaza contra la libertad de prensa en nuestro país y que lo denuncie, quien lo denuncia, me provoca una mezcla de asco, tristeza y sonrojo.

Sí, lo malo de envejecer en esta profesión es que los conoces a todos. Escuchas a ese periodista indignadísimo con las “huestes” de Pablo Iglesias y le recuerdas negociando con el ministro de turno el titular que va a poner en el sumario del informativo.

Contemplas al eterno locutor complaciente con los poderosos, ese que no cuestiona jamás una orden que llega desde arriba, ese que está especialmente dócil porque el Gobierno le ha amenazado con devolver la publicidad a TVE si no se porta bien. Y es a ese al que ves erigirse ante su audiencia como el adalid de la independencia mediática.

Tú sabes que es el mismo, como tantos otros, que agacha la cabeza cuando alguno de sus periodistas le pide difundir un tema que afecta a Alierta o a Soraya, a Cebrián o a Felipe González, a Inditex o a Coca Cola. Es el mismo que, en cambio, sale arrogante de debajo de la mesa para denunciar enérgicamente ante sus espectadores el tremendo escándalo que provoca el tuit de un rapero, la obra de unos titiriteros… el atroz robo de una gallina. ¡Qué fácil es ser duro con el débil, compañeros!

Sí, el problema de llevar tantos años en esto, es que ves más allá de lo que hay. Te encuentras con el comunicado de la APM en la portada de un periódico concreto y recuerdas que su director relevó a un brillante reportero porque resultaba molesto en Moncloa. Lees la noticia en un diario digital, pero tú solo contemplas el momento en que Bárcenas compró con dinero negro acciones de ese medio.

 Ves la polémica amplificada hasta extremos ridículos en un informativo editado por el mismo tipo que intentaba censurarte la crónica sobre las víctimas civiles de la guerra de Irak. Escuchas comentar el asunto a tertulianos que, para ti, solo son aquellos mercenarios que, pese a tener más de 190 cadáveres sobre la mesa, mintieron conscientemente sobre los atentados del 11M.

¡Y cuando aparece el comunicado de la APM en… Televisión Española! ¡Qué momentazo! ¡Sí! En esa TVE que insulta la inteligencia de los españoles con una censura digna de los tiempos del NODO. El medio que tiene a sus periodistas en pie de guerra contra la manipulación que se ejerce cada día desde Génova/Moncloa brama contra la amenaza que Podemos representa para la libertad de prensa.

Y sí, sintonizas Radio Nacional, cuyo jefe de informativos era el responsable de prensa de Federico Trillo en el Ministerio de Defensa durante el accidente del Yak. Y, así, en ese contexto, terminas oyendo a Rafael Hernando hablar de libertad de prensa.

Ese hombre que representa a un partido que en cuanto toca poder nacional, autonómico o local, se preocupa de colocar al Nacho Villa de turno en la presidencia del canal público de televisión. Pues eso, cuando escuchas a Hernando ya no sabes si reír o echarte a llorar.

No se le escapará al lector que mi crítica no se centra tanto en la APM como en quienes la han utilizado para tergiversar la realidad que se vive en nuestro país. Me parece bien que una asociación de periodistas denuncie las coacciones que sufren sus miembros por parte de un partido político, sea Podemos, el PSOE, el PP…

El problema es que Victoria Prego se cocinó ella sola el tema de espaldas a su ejecutiva; el problema es que la APM no ha alzado la voz en otros casos mucho más graves; el problema es que la Asociación calla ante la terrible censura en TVE o frente a las presiones, estas sí insoportables y con consecuencias, del Gobierno…

Pero, con todo, no sería justo olvidar que hace algo más de un año, la APM condenó las amenazas de muerte vertidas por Jiménez Losantos contra dirigentes de Podemos y, antes, había atacado con dureza la amenaza para la libertad de prensa que supone la Ley Mordaza…

Ninguno de los presentadores, compañeras, becarios, editores, tertulianos y trepas de los que he hablado en este artículo se hicieron eco de ello. Ninguno cogió la bandera de la libertad de prensa que le facilitaba su Asociación para atizarle al telepredicador fascista o al todopoderoso PP, como están haciendo en estos días contra ese cómodo e indefenso punching-ball que es Podemos.

Confieso que he dudado mucho antes de escribir estas breves líneas. Sobre todo después de leer los excelentes artículos de mis admirados Carlos Elordi, Olga Rodríguez y Sindo Lafuente y que suscribo al 100%. No quería aparentar lo que en realidad soy, un veterano periodista medio amargado que despotrica contra algunos de sus compañeros.

Remarco el “algunos” porque, aunque son muchos, no son la mayoría. En las redacciones hay centenares de periodistas honestos que pelean, día a día, cada tema, cada coma, cada enfoque. Entre ellos hay directores, presentadores, jefas de sección, tertulianas y una legión de redactores y reporteros gráficos.

Espero que a ellos y a ellas les sirvan para algo estas crudas reflexiones y si a alguien he molestado, que se pregunte las razones por las que se siente aludido. En cualquier caso, tal y como también dice mi amigo Manolo Sánchez: “Esto es lo que hay, señores y a estas alturas ya somos demasiado viejos para cambiar”.           (Carlos Hernández, eldiario.es, 08/03/17)


"Se ha construido el mantra de que Podemos está en contra de la libertad de información. Y se alimenta cada día. La presidenta de la Asociación de la Prensa, Victoria Prego, ha puesto mucho de su parte para dar fuerza a esa idea

Pero, ¿qué militantes de Podemos han acosado a unos periodistas? ¿Quiénes son esos profesionales? ¿Qué les han hecho o les han dicho? ¿Cuándo? ¿Cuántas veces? ¿Cómo, cara a cara o por teléfono? Una información que no respondiera a esas preguntas jamás se habría publicado en un medio de comunicación normal.

 Porque esas son reglas elementales, de sentido común, que cualquiera que entre en una redacción sabe que tiene que respetar. Violándolas abiertamente en su nota de este lunes, la Asociación de la Prensa de Madrid se ha cubierto de gloria. Porque, sin cumplir con los citados requisitos, lo que en ella se dice podría perfectamente ser una exageración intolerable de la realidad o algo que estuviera muy cerca de la mentira.

No parece que lo vayamos a saber. Porque la Asociación no ha querido añadir una línea a su acusación pública ni tiene pinta de que lo vaya a hacer. Y si eso no ocurre la cosa quedará en infundio. Pero no pasará nada.

 Porque quienes podían aprovecharse de esa nefasta iniciativa ya lo hecho con toda suerte de medios, haciendo imposible el esclarecimiento de la verdad en esta cuestión. Editoriales de periódicos que antes eran de referencia, como El País, y decenas de declaraciones de exponentes del PP no han parado de repetir en las últimas horas que “Podemos es un partido que acosa a los periodistas”. 

Y lo repetirán cuantas veces les convenga. Desde hace unos cuantos años así se construye el discurso público en España. ¿Post-verdad? No, trampa, sin más.

No tiene mucho sentido especular sobre los motivos que han llevado a la Asociación de la Prensa de Madrid a dar ese paso infausto, que reduce aún más el ya muy escaso prestigio de la institución. Que cada uno apueste por las motivaciones políticas que considere más oportunas.

 O que lo atribuya a otro tipo de razones. No hay materia para pronunciarse al respecto. Sí para afirmar con toda rotundidad que eso no debería haber ocurrido nunca, que una iniciativa como esa enfanga aún más la escena pública española y ensucia a todos los que directa o indirectamente la han secundado.

Pero más allá de esas reflexiones morales, ¿es creíble la acusación de que Podemos, o cuando menos representantes cualificados de esa organización, acosan a los periodistas? No, no tiene mucho sentido. Porque cualquier acoso que merezca ese nombre tiene que estar respaldado por una capacidad para hacer que el acosado sufra consecuencias si no hace lo que el acosador quiere. La de ser despedido o la postergación en la redacción, por ejemplo. 

Y esas cosas ocurren, cierto es que cada vez menos porque el miedo manda en esta profesión machacada. Pero la única posibilidad de intimidación que está en manos de Podemos es la que tiene cualquier partido o gabinete de comunicación: la de advertir con cerrar las puertas de su información al periodista cuyo trabajo se considere lesivo para los intereses de la organización.

Eso no es acoso. Es una regla del juego. Quien se pasa sabe que le pueden cortar el grifo. Ningún periodista que haya ejercido de verdad el oficio puede asegurar que eso no le ha ocurrido nunca. La mayoría dirá además que ese trato fue injusto.

Seguramente los responsables de prensa de Podemos han aplicado más de una vez ese tratamiento. Como los de los demás partidos. Pero la formación de Pablo Iglesias no puede hacer mucho más. 

Porque carece absolutamente de influencia en los medios importantes, no tiene accionistas amigos, ni poder político para pedir al director de un periódico o de una cadena de televisión que corte las alas a este o aquel otro redactor porque no gusta lo que cuenta. Y no lo va a tener a menos que las cosas cambien mucho.

Si esos medios, y particularmente algunas televisiones, han sido, y siguen siendo, plataformas de expresión privilegiadas para los dirigentes de Podemos no se debe a su influencia entre los responsables de esos medios y menos a chantajes o acosos a sus responsables. Sino simplemente a que lo que dicen y hacen es noticia, atrae público y audiencia. 

Y por mucha rabia que eso le dé al PP, y este sí que presiona, esa dinámica va a seguir funcionando mientras Podemos y sus principales exponentes sigan siendo o pareciendo distintos a los de las demás ofertas políticas. ¿Quién puede negar que tiene más gancho una entrevista con Pablo Iglesias que una con Rajoy? ¿O Vistalegre 2 que el Congreso del PP?

El juego es tan sencillo como ese. No hay más, salvo que tal vez, habría que demostrarlo con hechos, que la gente de Podemos no es muy simpática con los periodistas. Con los que le dan caña y puede que también con otros que no lo hacen. En todo caso están en su derecho de no serlo. 

Porque a ellos les tocará pagar las consecuencias de su actitud, que ciertamente no es habitual, pero tampoco original. Porque, por ejemplo, el mítico presidente francés François Mitterrand era un auténtico ogro para prensa. Y su estilo ha tenido seguidores. En Francia y en otros países europeos –por no citar a Donald Trump– hay muchos políticos que se niegan a adular a los periodistas.

Pero aquí se ha construido el mantra de que Podemos está en contra de la libertad de información. Y se alimenta cada día. Por cierto, la presidenta de la Asociación de la Prensa, Victoria Prego, ha puesto mucho de su parte para dar fuerza a esa idea.

 En mayo del año pasado, cuando era posible que Podemos apoyara un gobierno de coalición con el PSOE, dijo que “la libertad de información peligraba” si el partido de Pablo Iglesias entraba en el cenáculo del poder político.

¿Qué entienden por libertad de información quienes sostienen esas acusaciones? Si es lo que hay hoy en España mejor harían con callarse. Porque no hay un país en Europa en el que todos los medios importantes, o con mayor audiencia, estén tan sesgados hacia la derecha y el centralismo o los intereses de las grandes empresas y la negación de cualquier posibilidad de cambio.

Esa realidad agobiante lo condiciona todo. En primer lugar, la definición de lo que es políticamente correcto y de lo que no lo es. Esos criterios de parte, profundamente reaccionarios además, son la base de lo que en España o no se puede decir. Y cuando Podemos se salta esas reglas, como está obligado a hacer porque es una alternativa, se sueltan los perros contra sus gentes.

¿Por qué no se habla de los trallazos que contra sus oponentes pegan en Italia los seguidores de Beppe Grillo y él mismo? ¿O de las pedradas dialécticas que se tiran unos a otros en el debate político francés, británico o incluso alemán? Si aquí se dijera la cuarta parte de lo que se dice por esos pagos, ¿qué haría la Asociación de la Prensa de Madrid? ¿O quienes se rasgaron las vestiduras porque Pablo Iglesias le mentó la cal viva al PSOE? 

No pocos de ellos, pero nadie lo citó entonces, se habían llenado la boca, mes tras mes, durante años, acusando al gobierno de Felipe González de haber amparado a los guardias civiles que mataron a Lasa y Zabala en Intxaurrondo y de haber montado el GAL. Pero en 2016 acusaban a Iglesias de lo peor por recordarlo. ¿Y qué tenía eso de malo?"                   (Carlos Elordi, eldiario.es, 07/03/17)


" El telediario de TVE-1 de las tres de la tarde hablaba hoy del tema de la semana: la Asociación de la Prensa de Madrid señala a Podemos por acosar a periodistas. 

En la pieza se habla de la importancia de la libertad de prensa y de los peligros de vulnerar este derecho, sagrado en España. Hasta el otro día una ardilla podía cruzar la península de norte a sur saltando de redacción libre en redacción libre. En la siguiente pieza del telediario también se vulneraba.

En este caso los derechos fundamentales de varias personas que fueron miembros de Podemos en Extremadura, expulsados por el partido sin que la información explicara el porqué, pero sí que la formación morada se había saltado varios semáforos de derechos fundamentales con ellos. Si se vulneran entre ellos en su propia casa, qué no le vulnerarán a otros cuando salgan fuera, venía a ser la conclusión que quedaba botando sobre el plato de sopa en casa del espectador.

Tras el combo podemita de vulneraciones [entre el minuto 9:40 y el 10:45], vuelta a la normalidad democrática: Ciudadanos pide que se cierre un programa de la tele pública vasca por bromear con la españolidad. El tono de la información se ponía del lado de la denuncia del partido de Rivera. Sin despeinarse y en dos minutos de telediario público, la libertad de prensa pasaba de ser sagrada a un problema al que la fiscalía debía meter mano a la voz de ya.

 Tras el telediario, un recordatorio del programa de debate mañanero de TVE. Sergio Martín, aquel que se dio a conocer por dar la enhorabuena a Pablo Iglesias tras la excarcelación de presos de ETA durante una entrevista, charlaba con Victoria Prego, presidenta de la APM.

 Dar los nombres de los periodistas acosados y contar qué les ha pasado sería como revelar nuestras fuentes y nosotros el código ético lo llevamos a rajatabla, explicaba Prego para señalar a continuación como culpable del acoso inconcreto a todo un entramado de políticos sin rostros, militantes y tuiteros, resumido todo en una persona jurídica, esta vez sí, con nombre: Podemos.

 “Debe de ser muy grave lo que ha sucedido, porque es la primera vez en cuatro décadas que la APM saca un comunicado con tono tan contundente”, señalaba un tertuliano, y Victoria Prego sólo asentía, dándole a aquello misterio de novela de Agatha Christie. Asentía pero no daba datos, guardando el secreto como sólo ella sabe guardar secretos.

“No se pueden permitir las descalificaciones, porque esto les condiciona a la hora de ejercer su trabajo”, se señalaba en la tertulia, al parecer, principal problema al que se enfrentan los periodistas. Llega a colarse un vídeo de Rafael Hernando llamándoles hienas y a Sergio Martín se le caen las gafas del susto. Pero no, el vídeo que entró a continuación era el correcto. 

Portavoces de PP, PSOE y Ciudadanos repitiendo a coro aquello de que la libertad de prensa es sagrada, mirando a cámara con la inocencia de un niño a punto de tomar la primera comunión. “Si es cierto que hacen esto sin estar en el poder, imaginen si lo alcanzan”, decía el portavoz socialista, “sería terrible”. 

Por paquetes como este entregado hoy por TVE a sus espectadores los trabajadores de la casa llevan años manifestándose. Y denunciando el peligro que suponen para la libertad de prensa estos altos niveles de manipulación e intoxicación partidista en los informativos pagados por todos. Sin contundente denuncia de la APM, a propósito.

 No, aunque Podemos tenga fans insultones, inspirados en aquellos del PP de toda la vida que veían en Gabilondo, por ejemplo, al mal absoluto, el problema de la falta de libertad y acoso a periodistas en España es más preocupante y estructural. El problema real tiene que ver con quién y cómo manda sobre el periodismo. Y viene de mucho antes de Podemos. Y ese problema, que ya es suficientemente grande, será inmenso si desde ahora a señalarlo lo empezamos a llamar acoso."                    (Gerardo Tecé, CTXT, 07/03/17)

15/2/17

Occidente lleva ventaja en las guerras de las noticias falsas. La abrumadora superioridad de Occidente en tecnologías de la información debería despejar cualquier preocupación sobre la capacidad de Rusia de ganar la guerra de las noticias falsas

"Las últimas informaciones sobre las campañas electorales en Francia, Alemania y Holanda este año han desatado nuevos temores sobre el ataque de las noticias falsas y el supuesto intento del Gobierno ruso de influir en todos los procesos electorales en países de la UE. 

Más allá de que a Moscú le encantaría tener ese poder, la realización causa-efecto entre esa propaganda y los resultados electorales exige un salto muy grande, y ya expliqué que eso llaman la postverdad es cualquier cosa menos nuevo.

Un lector de The Guardian –Kevin Bannon, de Londres– ofrece un interesante contrapunto en una carta al periódico. En este asunto, hay algunos gobiernos que podrían hacer una reclamación de derechos de autor:

“El ministro de Defensa, Michael Fallon, parece ignorar los programas militares de EEUU y Reino Unido existentes desde hace tiempo, diseñados para modificar la percepción pública en zonas de conflicto (La OTAN debe contrarrestar el uso de las mentiras como armas por Rusia, dice Fallon, 3 febrero). Nick Fielding y Ian Cobain informaron hace casi seis años en the Guardian de un prototipo de ese sistema, justo cuando comenzaron los ataques aéreos de la OTAN contra Siria (Una operación de espionaje norteamericana para manipular las redes sociales, 18 marzo 2011).

Cito: “Permitirá a los militares norteamericanos crear un consenso falso en las conversaciones digitales, rechazar opiniones no bienvenidas y ahogar comentarios o informaciones que no coincidan con los objetivos. (…) Cada identidad digital falsa debe tener antecedentes, historia y detalles convincentes. (…) 

Hasta 50 controladores deberían operar desde EEUU identidades falsas desde sus puestos de trabajo sin miedo a ser descubiertos por adversarios sofisticados. Cada operador debería poder funcionar con ‘diez identidades diferentes'”.

Hace dos años, el Reino Unido comenzó operaciones similares desde un centro de Berkshire, definidas como “guerra no letal” (El Ejército envía tuits a la batalla, 31 enero 2015).

 La abrumadora superioridad de Occidente en tecnologías de la información, relaciones públicas, realidad virtual y publicidad debería despejar cualquier preocupación de Fallon sobre la capacidad de Rusia de ganar la guerra de las noticias falsas.”           (Iñigo Sáenz de Ugarte , 07/02/17)