9/3/17

¿Qué militantes de Podemos han acosado a unos periodistas? ¿Qué les han hecho o les han dicho? ¿Cuándo? ¿Cuántas veces? Una información que no respondiera a esas preguntas jamás se habría publicado en un medio de comunicación normal

"(...)  En estos días se me hace especialmente duro ser veterano. 

Escucho y veo a personas que me resultan muy conocidas rasgarse las vestiduras ante la “intolerable presión” que Podemos ejerce sobre nuestra profesión. Yo soy el primero que he denunciado públicamente, en esta misma tribuna, los excesos cometidos contra periodistas por algunos dirigentes de la formación morada.

La horda de troles que cayó sobre mí ese día no hizo sino confirmar mis palabras. En ese artículo está todo y no voy a perder una sola línea en repetir datos y argumentos que mantengo, punto por punto. Ahora bien, que esas burdas presiones se hayan convertido en la gran amenaza contra la libertad de prensa en nuestro país y que lo denuncie, quien lo denuncia, me provoca una mezcla de asco, tristeza y sonrojo.

Sí, lo malo de envejecer en esta profesión es que los conoces a todos. Escuchas a ese periodista indignadísimo con las “huestes” de Pablo Iglesias y le recuerdas negociando con el ministro de turno el titular que va a poner en el sumario del informativo.

Contemplas al eterno locutor complaciente con los poderosos, ese que no cuestiona jamás una orden que llega desde arriba, ese que está especialmente dócil porque el Gobierno le ha amenazado con devolver la publicidad a TVE si no se porta bien. Y es a ese al que ves erigirse ante su audiencia como el adalid de la independencia mediática.

Tú sabes que es el mismo, como tantos otros, que agacha la cabeza cuando alguno de sus periodistas le pide difundir un tema que afecta a Alierta o a Soraya, a Cebrián o a Felipe González, a Inditex o a Coca Cola. Es el mismo que, en cambio, sale arrogante de debajo de la mesa para denunciar enérgicamente ante sus espectadores el tremendo escándalo que provoca el tuit de un rapero, la obra de unos titiriteros… el atroz robo de una gallina. ¡Qué fácil es ser duro con el débil, compañeros!

Sí, el problema de llevar tantos años en esto, es que ves más allá de lo que hay. Te encuentras con el comunicado de la APM en la portada de un periódico concreto y recuerdas que su director relevó a un brillante reportero porque resultaba molesto en Moncloa. Lees la noticia en un diario digital, pero tú solo contemplas el momento en que Bárcenas compró con dinero negro acciones de ese medio.

 Ves la polémica amplificada hasta extremos ridículos en un informativo editado por el mismo tipo que intentaba censurarte la crónica sobre las víctimas civiles de la guerra de Irak. Escuchas comentar el asunto a tertulianos que, para ti, solo son aquellos mercenarios que, pese a tener más de 190 cadáveres sobre la mesa, mintieron conscientemente sobre los atentados del 11M.

¡Y cuando aparece el comunicado de la APM en… Televisión Española! ¡Qué momentazo! ¡Sí! En esa TVE que insulta la inteligencia de los españoles con una censura digna de los tiempos del NODO. El medio que tiene a sus periodistas en pie de guerra contra la manipulación que se ejerce cada día desde Génova/Moncloa brama contra la amenaza que Podemos representa para la libertad de prensa.

Y sí, sintonizas Radio Nacional, cuyo jefe de informativos era el responsable de prensa de Federico Trillo en el Ministerio de Defensa durante el accidente del Yak. Y, así, en ese contexto, terminas oyendo a Rafael Hernando hablar de libertad de prensa.

Ese hombre que representa a un partido que en cuanto toca poder nacional, autonómico o local, se preocupa de colocar al Nacho Villa de turno en la presidencia del canal público de televisión. Pues eso, cuando escuchas a Hernando ya no sabes si reír o echarte a llorar.

No se le escapará al lector que mi crítica no se centra tanto en la APM como en quienes la han utilizado para tergiversar la realidad que se vive en nuestro país. Me parece bien que una asociación de periodistas denuncie las coacciones que sufren sus miembros por parte de un partido político, sea Podemos, el PSOE, el PP…

El problema es que Victoria Prego se cocinó ella sola el tema de espaldas a su ejecutiva; el problema es que la APM no ha alzado la voz en otros casos mucho más graves; el problema es que la Asociación calla ante la terrible censura en TVE o frente a las presiones, estas sí insoportables y con consecuencias, del Gobierno…

Pero, con todo, no sería justo olvidar que hace algo más de un año, la APM condenó las amenazas de muerte vertidas por Jiménez Losantos contra dirigentes de Podemos y, antes, había atacado con dureza la amenaza para la libertad de prensa que supone la Ley Mordaza…

Ninguno de los presentadores, compañeras, becarios, editores, tertulianos y trepas de los que he hablado en este artículo se hicieron eco de ello. Ninguno cogió la bandera de la libertad de prensa que le facilitaba su Asociación para atizarle al telepredicador fascista o al todopoderoso PP, como están haciendo en estos días contra ese cómodo e indefenso punching-ball que es Podemos.

Confieso que he dudado mucho antes de escribir estas breves líneas. Sobre todo después de leer los excelentes artículos de mis admirados Carlos Elordi, Olga Rodríguez y Sindo Lafuente y que suscribo al 100%. No quería aparentar lo que en realidad soy, un veterano periodista medio amargado que despotrica contra algunos de sus compañeros.

Remarco el “algunos” porque, aunque son muchos, no son la mayoría. En las redacciones hay centenares de periodistas honestos que pelean, día a día, cada tema, cada coma, cada enfoque. Entre ellos hay directores, presentadores, jefas de sección, tertulianas y una legión de redactores y reporteros gráficos.

Espero que a ellos y a ellas les sirvan para algo estas crudas reflexiones y si a alguien he molestado, que se pregunte las razones por las que se siente aludido. En cualquier caso, tal y como también dice mi amigo Manolo Sánchez: “Esto es lo que hay, señores y a estas alturas ya somos demasiado viejos para cambiar”.           (Carlos Hernández, eldiario.es, 08/03/17)


"Se ha construido el mantra de que Podemos está en contra de la libertad de información. Y se alimenta cada día. La presidenta de la Asociación de la Prensa, Victoria Prego, ha puesto mucho de su parte para dar fuerza a esa idea

Pero, ¿qué militantes de Podemos han acosado a unos periodistas? ¿Quiénes son esos profesionales? ¿Qué les han hecho o les han dicho? ¿Cuándo? ¿Cuántas veces? ¿Cómo, cara a cara o por teléfono? Una información que no respondiera a esas preguntas jamás se habría publicado en un medio de comunicación normal.

 Porque esas son reglas elementales, de sentido común, que cualquiera que entre en una redacción sabe que tiene que respetar. Violándolas abiertamente en su nota de este lunes, la Asociación de la Prensa de Madrid se ha cubierto de gloria. Porque, sin cumplir con los citados requisitos, lo que en ella se dice podría perfectamente ser una exageración intolerable de la realidad o algo que estuviera muy cerca de la mentira.

No parece que lo vayamos a saber. Porque la Asociación no ha querido añadir una línea a su acusación pública ni tiene pinta de que lo vaya a hacer. Y si eso no ocurre la cosa quedará en infundio. Pero no pasará nada.

 Porque quienes podían aprovecharse de esa nefasta iniciativa ya lo hecho con toda suerte de medios, haciendo imposible el esclarecimiento de la verdad en esta cuestión. Editoriales de periódicos que antes eran de referencia, como El País, y decenas de declaraciones de exponentes del PP no han parado de repetir en las últimas horas que “Podemos es un partido que acosa a los periodistas”. 

Y lo repetirán cuantas veces les convenga. Desde hace unos cuantos años así se construye el discurso público en España. ¿Post-verdad? No, trampa, sin más.

No tiene mucho sentido especular sobre los motivos que han llevado a la Asociación de la Prensa de Madrid a dar ese paso infausto, que reduce aún más el ya muy escaso prestigio de la institución. Que cada uno apueste por las motivaciones políticas que considere más oportunas.

 O que lo atribuya a otro tipo de razones. No hay materia para pronunciarse al respecto. Sí para afirmar con toda rotundidad que eso no debería haber ocurrido nunca, que una iniciativa como esa enfanga aún más la escena pública española y ensucia a todos los que directa o indirectamente la han secundado.

Pero más allá de esas reflexiones morales, ¿es creíble la acusación de que Podemos, o cuando menos representantes cualificados de esa organización, acosan a los periodistas? No, no tiene mucho sentido. Porque cualquier acoso que merezca ese nombre tiene que estar respaldado por una capacidad para hacer que el acosado sufra consecuencias si no hace lo que el acosador quiere. La de ser despedido o la postergación en la redacción, por ejemplo. 

Y esas cosas ocurren, cierto es que cada vez menos porque el miedo manda en esta profesión machacada. Pero la única posibilidad de intimidación que está en manos de Podemos es la que tiene cualquier partido o gabinete de comunicación: la de advertir con cerrar las puertas de su información al periodista cuyo trabajo se considere lesivo para los intereses de la organización.

Eso no es acoso. Es una regla del juego. Quien se pasa sabe que le pueden cortar el grifo. Ningún periodista que haya ejercido de verdad el oficio puede asegurar que eso no le ha ocurrido nunca. La mayoría dirá además que ese trato fue injusto.

Seguramente los responsables de prensa de Podemos han aplicado más de una vez ese tratamiento. Como los de los demás partidos. Pero la formación de Pablo Iglesias no puede hacer mucho más. 

Porque carece absolutamente de influencia en los medios importantes, no tiene accionistas amigos, ni poder político para pedir al director de un periódico o de una cadena de televisión que corte las alas a este o aquel otro redactor porque no gusta lo que cuenta. Y no lo va a tener a menos que las cosas cambien mucho.

Si esos medios, y particularmente algunas televisiones, han sido, y siguen siendo, plataformas de expresión privilegiadas para los dirigentes de Podemos no se debe a su influencia entre los responsables de esos medios y menos a chantajes o acosos a sus responsables. Sino simplemente a que lo que dicen y hacen es noticia, atrae público y audiencia. 

Y por mucha rabia que eso le dé al PP, y este sí que presiona, esa dinámica va a seguir funcionando mientras Podemos y sus principales exponentes sigan siendo o pareciendo distintos a los de las demás ofertas políticas. ¿Quién puede negar que tiene más gancho una entrevista con Pablo Iglesias que una con Rajoy? ¿O Vistalegre 2 que el Congreso del PP?

El juego es tan sencillo como ese. No hay más, salvo que tal vez, habría que demostrarlo con hechos, que la gente de Podemos no es muy simpática con los periodistas. Con los que le dan caña y puede que también con otros que no lo hacen. En todo caso están en su derecho de no serlo. 

Porque a ellos les tocará pagar las consecuencias de su actitud, que ciertamente no es habitual, pero tampoco original. Porque, por ejemplo, el mítico presidente francés François Mitterrand era un auténtico ogro para prensa. Y su estilo ha tenido seguidores. En Francia y en otros países europeos –por no citar a Donald Trump– hay muchos políticos que se niegan a adular a los periodistas.

Pero aquí se ha construido el mantra de que Podemos está en contra de la libertad de información. Y se alimenta cada día. Por cierto, la presidenta de la Asociación de la Prensa, Victoria Prego, ha puesto mucho de su parte para dar fuerza a esa idea.

 En mayo del año pasado, cuando era posible que Podemos apoyara un gobierno de coalición con el PSOE, dijo que “la libertad de información peligraba” si el partido de Pablo Iglesias entraba en el cenáculo del poder político.

¿Qué entienden por libertad de información quienes sostienen esas acusaciones? Si es lo que hay hoy en España mejor harían con callarse. Porque no hay un país en Europa en el que todos los medios importantes, o con mayor audiencia, estén tan sesgados hacia la derecha y el centralismo o los intereses de las grandes empresas y la negación de cualquier posibilidad de cambio.

Esa realidad agobiante lo condiciona todo. En primer lugar, la definición de lo que es políticamente correcto y de lo que no lo es. Esos criterios de parte, profundamente reaccionarios además, son la base de lo que en España o no se puede decir. Y cuando Podemos se salta esas reglas, como está obligado a hacer porque es una alternativa, se sueltan los perros contra sus gentes.

¿Por qué no se habla de los trallazos que contra sus oponentes pegan en Italia los seguidores de Beppe Grillo y él mismo? ¿O de las pedradas dialécticas que se tiran unos a otros en el debate político francés, británico o incluso alemán? Si aquí se dijera la cuarta parte de lo que se dice por esos pagos, ¿qué haría la Asociación de la Prensa de Madrid? ¿O quienes se rasgaron las vestiduras porque Pablo Iglesias le mentó la cal viva al PSOE? 

No pocos de ellos, pero nadie lo citó entonces, se habían llenado la boca, mes tras mes, durante años, acusando al gobierno de Felipe González de haber amparado a los guardias civiles que mataron a Lasa y Zabala en Intxaurrondo y de haber montado el GAL. Pero en 2016 acusaban a Iglesias de lo peor por recordarlo. ¿Y qué tenía eso de malo?"                   (Carlos Elordi, eldiario.es, 07/03/17)


" El telediario de TVE-1 de las tres de la tarde hablaba hoy del tema de la semana: la Asociación de la Prensa de Madrid señala a Podemos por acosar a periodistas. 

En la pieza se habla de la importancia de la libertad de prensa y de los peligros de vulnerar este derecho, sagrado en España. Hasta el otro día una ardilla podía cruzar la península de norte a sur saltando de redacción libre en redacción libre. En la siguiente pieza del telediario también se vulneraba.

En este caso los derechos fundamentales de varias personas que fueron miembros de Podemos en Extremadura, expulsados por el partido sin que la información explicara el porqué, pero sí que la formación morada se había saltado varios semáforos de derechos fundamentales con ellos. Si se vulneran entre ellos en su propia casa, qué no le vulnerarán a otros cuando salgan fuera, venía a ser la conclusión que quedaba botando sobre el plato de sopa en casa del espectador.

Tras el combo podemita de vulneraciones [entre el minuto 9:40 y el 10:45], vuelta a la normalidad democrática: Ciudadanos pide que se cierre un programa de la tele pública vasca por bromear con la españolidad. El tono de la información se ponía del lado de la denuncia del partido de Rivera. Sin despeinarse y en dos minutos de telediario público, la libertad de prensa pasaba de ser sagrada a un problema al que la fiscalía debía meter mano a la voz de ya.

 Tras el telediario, un recordatorio del programa de debate mañanero de TVE. Sergio Martín, aquel que se dio a conocer por dar la enhorabuena a Pablo Iglesias tras la excarcelación de presos de ETA durante una entrevista, charlaba con Victoria Prego, presidenta de la APM.

 Dar los nombres de los periodistas acosados y contar qué les ha pasado sería como revelar nuestras fuentes y nosotros el código ético lo llevamos a rajatabla, explicaba Prego para señalar a continuación como culpable del acoso inconcreto a todo un entramado de políticos sin rostros, militantes y tuiteros, resumido todo en una persona jurídica, esta vez sí, con nombre: Podemos.

 “Debe de ser muy grave lo que ha sucedido, porque es la primera vez en cuatro décadas que la APM saca un comunicado con tono tan contundente”, señalaba un tertuliano, y Victoria Prego sólo asentía, dándole a aquello misterio de novela de Agatha Christie. Asentía pero no daba datos, guardando el secreto como sólo ella sabe guardar secretos.

“No se pueden permitir las descalificaciones, porque esto les condiciona a la hora de ejercer su trabajo”, se señalaba en la tertulia, al parecer, principal problema al que se enfrentan los periodistas. Llega a colarse un vídeo de Rafael Hernando llamándoles hienas y a Sergio Martín se le caen las gafas del susto. Pero no, el vídeo que entró a continuación era el correcto. 

Portavoces de PP, PSOE y Ciudadanos repitiendo a coro aquello de que la libertad de prensa es sagrada, mirando a cámara con la inocencia de un niño a punto de tomar la primera comunión. “Si es cierto que hacen esto sin estar en el poder, imaginen si lo alcanzan”, decía el portavoz socialista, “sería terrible”. 

Por paquetes como este entregado hoy por TVE a sus espectadores los trabajadores de la casa llevan años manifestándose. Y denunciando el peligro que suponen para la libertad de prensa estos altos niveles de manipulación e intoxicación partidista en los informativos pagados por todos. Sin contundente denuncia de la APM, a propósito.

 No, aunque Podemos tenga fans insultones, inspirados en aquellos del PP de toda la vida que veían en Gabilondo, por ejemplo, al mal absoluto, el problema de la falta de libertad y acoso a periodistas en España es más preocupante y estructural. El problema real tiene que ver con quién y cómo manda sobre el periodismo. Y viene de mucho antes de Podemos. Y ese problema, que ya es suficientemente grande, será inmenso si desde ahora a señalarlo lo empezamos a llamar acoso."                    (Gerardo Tecé, CTXT, 07/03/17)